Pável Guzmán/Noticias y Debate M3  

Zacapu, Mich., 19 de noviembre, 2020.- “Aquí no te enterramos, aquí te sembramos mi General”. Emiliano Zapata Salazar (8/Ago/1879-10/Abr/1919), indígena náhuatl,  líder máximo del Ejercito Libertador del Sur, el noveno de diez hijos, huérfano durante adolescencia, campesino y arriero, jinete domador, jefe de los sin tierra, hombre honesto llamado por sus enemigos “Atila de Morelos”, “el Orangután”, “el que come carne cruda y roe huesos” “el Caudillo del Sur”, empero, los campesinos expresaron por medio de su proyecto político, la reivindicación agraria, poniendo entre dicho el sistema hacendario, otrora orgullo del México porfiriano.  

Los zapatistas constituyeron en el estado de Morelos una organización comunal con profundo arraigo popular, independiente del Estado y antagónico a él, basaban sus decisiones entorno a asambleas. Por medio de su organización liquidaron latifundios, nacionalizaron sin pago los ingenios azucareros, devolvieron a las comunidades las tierras robadas impunemente por siglos, restituyeron el uso de aguas, cambiaron a las autoridades locales, impusieron préstamos forzosos a los comerciantes y hacendados, y tomaron en sus manos la producción en los latifundios.  

El Plan de Ayala, en apariencia sencillo, en sus puntos nodales mantiene un carácter profundamente revolucionario, pues por un lado “nacionaliza todos los bienes de los enemigos de la revolución”, es decir, de los terratenientes capitalistas, y por otro, resuelve que los pueblos campesinos entrarán en posesión de su tierra inmediatamente y que “las conservarán con las armas en la mano”.  

En esta lógica, quienes eventualmente podían acudir a los tribunales “al terminar la revolución” son los terratenientes, mientras los campesinos mantienen la propiedad de la tierra. Se revierte la juridicidad vigente, son las mismas comunidades las que deciden la cuestión de la tierra, con las armas en mano, mediante sus propios órganos y sus propios métodos, sin esperar leyes futuras, ni delegar en otros su poder de decisión.  

Al contrario de todas las leyes agrarias burguesas, incluidas las posteriores de Carranza, mismas que obligan a los campesinos a acudir a los tribunales para hacer valer sus derechos a la tierra y esperar años el fallo judicial.  

La forma de lucha de los zapatistas fue la guerra de guerrillas, no mantenían por lo regular la ocupación de las ciudades, hostigaban al enemigo constantemente por medio de incursiones y emboscadas, atacaban trenes y líneas de abastecimiento, “estaban en todas partes, pero los federales no los podían encontrar en ninguna”. Los soldados campesinos se agrupaban para las acciones y luego se disolvían entre la población de la cual formaban parte y los protegían, escondían el fusil y tomaban el arado.  

Sus éxitos esencialmente radicaron en su poderosa base de apoyo, pues en su área de influencia, la gran mayoría de los campesinos eran zapatistas y cumplían una tarea determinada: soldados, informantes, mensajeros o abastecedores.  

En contraparte, el gobierno federal respondió con fusilamientos en masa, quema de pueblos, robos, tortura, leva forzosa y deportación de poblaciones enteras, esto por medio del sanguinario general Juvencio Robles.  

Zapata el guerrillero, resistió tenazmente durante 10 años todos los embates militares, combatió a Díaz, a León de la Barra, a Madero, a Huerta y Carranza, únicamente pudieron vencerlo por medio de la traición. Al morir los hermanos Flores Magón, Zapata y Villa la revolución social no pudo completarse, el Grupo Sonora se incrustó en el poder y encausó la energía social hacia sus objetivos políticos, sólo retomó periféricamente algunas reformas sociales.  

Zapata figura emblemática de nuestra historia, se erige como referente empírico del papel que desarrolla el individuo en la historia. Murió por defender sus principios políticos y a la postre, se convirtió en un símbolo y ejemplo del combate y resistencia de los campesinos, los indígenas y los pobres.  

Zapata no debe adjetivarse como un “caudillo” o “cabecilla” de un grupo o zona, eso refleja un discurso histórico de la élite porfirista, elaborado desde la primera década del siglo pasado y que continúa hasta el día de hoy, Zapata no es un caudillo, es un símbolo universal de la lucha por la tierra, representa la lucha histórica de cientos de pueblos y comunidades por la tierra, el agua y los bosques, de ahí la profunda vigencia de su pensamiento y acciones.  

Zapata no es un pequeño jefe o cabecilla, es un General, como él mismo firmaba sus cartas y documentos: General Emiliano Zapata. Históricamente, es más que un caudillo, es la liquidación de latifundios, la defensa armada del territorio, icono de resistencia de los pueblos originarios, coherencia entre la palabra dada y la acción, es comunalidad  

“Yo pertenezco, señor, a una raza tradicional que jamás ha degenerado ni ha podido traicionar las convicciones de una colectividad, y las de su propia conciencia” (Zapata Emiliano / Carta a Pascual Orozco).  

Finalmente, es ineludible precisar que una de las grandes enseñanzas de la revolución mexicana, radica en entender que el sujeto de la historia es el pueblo organizado, vislumbrar la capacidad de la gente para organizarse desde abajo y cambiar sus circunstancias, tal y como se hizo durante la Comuna de Morelos.  

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