Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3

CDMX, 18 de febrero, 2018.- Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra. La semana pasada, la senadora panista Xóchitl Gálvez  con un ejemplo mostró que la incapacidad también es corrupción. Su golpe político y mediático  fue fulminante  y Jorge Amaya, aspirante a  ser nombrado comisionado en  la Comisión Reguladora de Energía (CRE) no  podrá llegar a la CRE.

Amaya es integrante en una de las ternas que propuso el presidente Andrés Manuel López Obrador al Senado de la República y en el proceso de selección  se mostró nervioso , inseguro y poco apto para el cargo . Pero no es un ignorante o un improvisado en el tema de energía  como nos lo quiere presentar la senadora.

 Fue gerente de ingeniería y proyectos de inversión y subdirector de planeación y desarrollo, ambos cargos en el complejo petroquímico Pajaritos. Trabajó en la Facultad de Ciencias en la UNAM.  Cuando la senadora Gálvez le preguntó qué era un CEL (Certificado de Energía Limpia) y cómo se obtiene.

Y agregó: “El que es candidato sí sabe”. El aspirante respondió con la misma pregunta y levantó su teléfono móvil como su respuesta. “Esto es un ‘CEL’”, bromeó Amaya.

A lo que Gálvez expresó: “Es un Certificado de Energía Limpia”.

“Yo sí quiero ser muy seria. Las preguntas que he hecho son meramente técnicas y no hubo respuesta. No me parece que me digan que estamos faltando al respeto cuando son candidatos para ser comisionados”. Y lanzó su molestia al expresar: “La incapacidad también es corrupción. Aparte de ser honesto hay que ser capaz. Por la incapacidad se pueden tomar decisiones muy negativas que le cuesten dinero al país”.

II

La impoluta  senadora  Gálvez, es decir,  que no tiene ninguna mancha alguna ahora   – da lecciones de ética.  Fue entrevistada y admirada en los medios de comunicación a los que el presidente les redujo a la mitad el gasto que ejercía el gobierno federal. Esos mismos medios, que hace siete años  mostraron  a su hermana menor  Jaqueline Malinali Gálvez Ruiz, cuando   fue detenida por elementos de la Policía Federal, por sus presuntos vínculos con una banda de secuestradores conocida como “los Tolmex”, que operaba en la Ciudad de México y el Estado de México. 

Se olvidó la ahora legisladora que los secuestradores mantenían en jaulas a sus víctimas, los que mutilaban y video-grababan estos hechos como medida de presión para cobrar los rescates. 

Después de   la detención de los seis presuntos secuestradores, Xóchitl Gálvez Ruiz confirmó que Jaqueline Malinali efectivamente era  su hermana menor, y dijo en ese entonces que pediría “un juicio justo” para la acusada.  “Pediré un juicio justo y que se aclare todo, que salga la verdad, y que si hay algo que ella tenga que pagar que responda, pero que sea un juicio justo para ella y a mí que me dejen en paz”.

Sin más pruebas que su dicho la senadora descartó que su hermana fuera secuestradora y acusó a la pareja sentimental de aquella de inducirla a participar en el grupo criminal.  Días después de  la captura de su hermana, Xóchitl Gálvez  fue acusada por familiares de víctimas secuestradas y mutiladas de encubrirla por el delito de secuestro.

III

En la delegación Miguel Hidalgo su gestión  fue pésima, beneficiaba a las clases pudientes, para ella había ciudadanos de primera y de segunda. Su gestión fue calificada de “inepta y corrupta”. Hay infinidad de quejas acerca de diversas obras en construcción que violaban el uso de suelo,  giros mercantiles que cerraban cuatro o cinco horas después de lo permitido, restaurantes  a los que les fue autorizadas  más mesas de las autorizadas por el Plan Parcial y de otros más que venden alcohol en las banquetas sin vender también alimentos como si fueran cantinas, y nadie  en su administración les puso un alto.

Un ejemplo, en su gestión como delegada fue que el Instituto de Verificación Administrativa de la Ciudad de México (INVEA), la instancia que clausuró el edificio de Arne aus den Ruthen, su “city manager”,  por tener  más pisos de los permitidos mismos que fueron ilegalmente construidos por la gracia de su  jefa.

 El inmueble ilegal se ubica en la calle General Tiburcio Montiel 16 y 18, colonia San Miguel Chapultepec,  construido por Arne en el tiempo que fue funcionario, incurriendo a la vez en  un  conflicto de interés y de  abuso de autoridad, porque estaba bajo su resguardo y manipulación el expediente de su propio edificio por lo que aprovechó para quebrantar el uso del suelo, construir cientos de metros cuadrados sin permiso y no manifestar las modificaciones estructurales y arreglos que le hacía al inmueble. 

El reglamento de construcciones de la Ciudad de México en su artículo 125, en el que establece que los derechos adquiridos para un inmueble, prescriben al momento que se deje de ejercer el uso de suelo de que se trata, y el edificio de Arne llevaba en supuesta remodelación varios meses.  Pero lo más grave de todo esto, es que la senadora  Gálvez, fue cómplice, coadyuvó y cubrió a Arne  y se negó a verificar el inmueble y a resguardar el expediente en la Contraloría General, por lo que se puso del  lado de la ilegalidad y  dio la espalda a los ciudadanos.