Ignacio Ramírez/Noticias y Debate M3

Moreli, Mich., 9 de marzo, 2019.-  “Podía verlos pegar a través de la barda, por los entrelazados espacios de flores. Se acercaban a  donde estaba  la bandera y yo caminé a lo largo de la barda. Luster buscaba en el pasto, al lado del árbol con flores. Sacaron la bandera, y siguieron golpeando. Y luego volvieron a clavar la bandera y fueron hacia la mesa, y primero pegó uno y después el otro. Luego siguieron y yo caminé a lo largo de la barda. Luster se apartó del árbol con flores y caminamos a lo largo de la barda y nos detuvimos y miré a través de ellas, mientras Luster buscaba en el pasto”. William Faulkner, El sonido y la furia.

Uno de los mejores escritores de la literatura norteamericana y del mundo, junto con Steinbeck, Hemingway, Dos Passos, Kafka, Thoman Mann, Marcel Proust, James Joice, entre otros.

En la novela El sonido y la Furia, al igual que en otras obras más, el escritor norteamericano nacido en Nueva Albany, Mississippi, en septiembre de 1897 narra sobre hechos de la guerra entre el Sur y Norte de los Estados Unidos. Defensor de la raza de color lo que le ganó el repudio de la clase conservadora de ese país.

Faulkner fue un hombre huraño, mujeriego, mentiroso y alcohólico. No fue sencillo obtener el éxito, fue con la novela Santuario  cuando comenzó a obtener dinero. Después escribió El sonido y la furia, obra que habla sobre la familia Compson, narrada por varios personajes, como Benjy, el hijo idiota,  su hermano Quentin, el hijo malhumarado y Jason, el  despiadado.         

“Faulkner exige mucho a sus lectores. Para crear una atmósfera determinada, sus frases complejas y enrevesadas se alargan durante más de una página y, jugando con el tiempo de la narración, ensambla relatos, experimenta con múltiples narradores e interrumpe el discurso narrativo con divagantes monólogos interiores”, señala una reseña publicada en internet.

Entre sus obras se pueden mencionar: Mientras agonizo  (1930), Luz de agosto (1932), ¡Absalom, Absalom! (1936), Los invictos (1938), El villorrio (1940), Desciende Moisés (1942), Intruso en el polvo (1948), Una fábula (1954, Premio Pulitzer de 1955), entre otras.

La muerte le llegó en  julio de 1962, en un hospital de Oxford, Mississippi, donde había sido ingresado después de sufrir una caída de caballo