Fernando Martínez Elorriaga/Noticias y Debate M3

CDMX,7 de febrero, 2020.-El esperado diálogo entre las autoridades universitarias encabezadas por el rector de la UNAM, Enrique Graue Wiechers y las inconformes que en repetidas ocasiones han denunciado la falta de atención a las prácticas de violencia de género, acoso sexual e inseguridad que se vive al interior de la Universidad, parece distante, y hoy suman 16 planteles los que han paralizado sus actividades académicas.

Por lo menos se puede pensar que de llevarse a cabo una mesa de diálogo existe un eje temático problematizado en común, aceptado por ambas partes, me refiero a una mayor atención a la violencia de género e inseguridad que enfrenta la comunidad universitaria.

Sin embargo, se puede observar una ausencia de reconocimiento entre los actores involucrados, es decir, el rector tiene una legitimidad mermada, la cual es indispensable para participar en las mesas de negociación, su reelección fue cuestionada por la falta de resultados de su administración y su designación estuvo precedida por paros y protestas. Recordemos que el pasado 5 de septiembre de 2018, frente a rectoría más de 30 mil estudiantes expresaron su repudió por la inseguridad y la violencia desatada en las instalaciones universitarias, no se olvida la agresión de grupos porriles que intervinieron en una protesta pacífica encabezada por el CCH Vallejo frente a rectoría.

Las respuestas de las autoridades no han convencido a la comunidad y poco ayuda cuando éstas descalifican al movimiento encabezado por las alumnas de los distintos planteles. La declaración del presidente del Tribunal Universitario, Eduardo López Betancourt, es desafortunada y no ayuda para el avance de la instalación de una mesa, pues denunció que la violencia provocada el pasado martes por un grupo de mujeres en la UNAM no solo tiene la intención de desestabilizar a la máxima casa de estudios, sino ejercer presión para que el rector renuncie. No se puede soslayar la intervención de grupos ajenos que actúan con violencia y con intereses ajenos, sin embargo, su declaración publicada en una entrevista que concedió a ContraRéplica no ayuda al rector, pues aseguró que “aquí estamos frente a verdaderos actos criminales, con lo que bien se puede denominar asociaciones delictivas. Son pandillas debidamente preparadas que nos recuerdan a los Halcones de 1971, grupos preparados para la destrucción”.

Es momento de que el rector diseñe y ejecute una estrategia para establecer abiertamente a la comunidad una mesa de diálogo que convoque a los actores que legítimamente han expresado su atención a los problemas de violencia de género e inseguridad, y se firmen acuerdos para avanzar específicamente en cada demanda, pues de lo contrario se puede esperar que el conflicto se agudice y gradualmente se sumen más planteles a paros intermitentes o indefinidos, lo que dificultaría aún más el diálogo y paralizaría a nuestra Universidad.

El primer paso sería el reconocimiento a los interlocutores…