Emiliano Pérez Cruz/Noticias y Debate M3

Nezahualcóyotl, 25 de abril, 2019.- Él la vio, solo con su soledad tuvo el buen tino de verla ahí, a duro y dale con la escoba y el trapeador en el café de chinos a donde, cuando se le hace tarde, acostumbra ir a cenar.  

 -¿Qué milagro que vienes, muchacho? Yo creía que el tren de la vida te había tumbado… ¿Qué vas a querer?   Cogió la carta que la mesera le extendía. Mujer de no malos bigotes en su ya lejana juventud, aún conservaba huellas de éstos. Con los brazos en jarras comenzó a urgirlo:

 –Apúrate, papacito, que no tengo tu tiempo… Ya es de noche y todavía me faltan esas mesas por limpiar… Anda flojona la clientela, a ver si alcanzo buenas propinas todavía… Es fregativo el espíritu septembrino.  

–Pérese, óiga. Sígale a lo suyo, orita le hablo–respondió él haciéndose el interesante mientras leía y releía la carta… Sola, ella dábale con furia al trapeador y a la jerga. Con regular frecuencia miraba hacia la calle. Esperaba a un hombre: su hombre. Quedó de ir a su casa para planear el 15 de septiembre y el recalentado de fiestas patrias. Pero es la hora y los escasos clientes… y él no aparece.  

 –Hey, doña, venga: quiero huevos oaxaqueños, frijoles refritos, café con leche y pan de dulce. Y para enjuagarse los dientes, un chesco de coca…  

 –¿Con hielo o sin hielo?– preguntó la mesera.  

–No la raspe… Ni que diatiro me haya visto cara de pingüino… Oiga, cuál es la prisa, qué tanto mira pa’ la calle…  

 –Ay, pus a ver si aparece mi novio. Ya tiene buen rato que no se le mira, y me tiene con mucho pendiente. Mis hijas ya le hablaron a su casa y ahí tampoco saben nada de él, desde la noche de antenoche… Ni en Locatel, nada…  

–Pus hable al Forense, quien quita y ahí esté echando un sueñito…  

 –Mula que no fueras, cabezón. ¿Crees que no he pensado en eso? Siempre ha sido bien cumplidor… Fíjate que ya llevamos diez años de vernos, y como cada año, le dije que si quería ir a cenar a la casa el 15 de septiembre, conmigo y con mis hijas, pero yo ya sabía que no iba a aceptar: pus si él tiene su compromiso. Me dijo que ai vería. Se fue de aquí a eso de las once de la noche… y es la hora que no aparece, caray… Ya ni uñas tengo de tanto roérmelas, y me da la rasquiña de estos nervios que ya no soporto.

  –Pus debería de hacer lo que sus colegas: mírelas, bien metidas en la telenovela. Así se le puede ir más de volón el tiempo, y aguantar a que su galán venga…  

–Ay m’hijito… ¿Qué le pasa a la gente? Mis compañeras de trabajo se entretienen en sus ratos libres viendo la tele, y así como me ves las veo, a duro y dale con lo que pasa en ella: que si fulanita sufre mucho, que si el galán es un malvado, que si la otra ya quiere ir a matar a su rival… ¿Tú crees? Tantas broncas que una trae y todavía echarse encima las de la tele…  

–Oh, usted tranquila doña.  

–Pus eso quisiera, pero ai tienes: se me antoja un hombre casado, nos entendemos, nos respetamos cada quien su vida, pero, ¿cuándo se enferma, tú crees que no me apuro y que no me dan ganas de estar junto a él, de verlo y atenderlo? Si ya se murió, ¿con qué cara voy al velorio?

  –Pus con la que tiene, pero ya váyase por la cena, ¿no? Mientras como le damos al comadreo. Y hable al Forense… Pero apúrele con la papa…  

–Oh que tú y tu hambre… Ya voy, nomás trapeo esto…   –Oh que usté y su hombre… Yo nomás trompeo y la escucho…