Ernesto Martínez Elorriaga/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 5 de junio, 2019.- Desde que tomó posesión del cargo, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump,  entró con la espada desenvainada. La idea de que México pagara la construcción del muro fronterizo; la amenaza de abandonar el Trata de Libre Comercio y ahora el incremento a los aranceles, o impuestos,  de productos mexicanos.

Algo positivo para México que ha ocurrido con el vecino país del norte, es que no todos están de acuerdo con las medidas que ha pretendido imponer el presidente norteamericano. Sobre todo senadores y diputados opositores. No obstante, Trump ha metido ruido en la frágil relación entre ambos países, donde se ha pretendido, y en muchos casos, impuesto, los caprichos e intereses de la nación más poderosa del mundo.

En los últimos seis meses ha sido más el ruido que las nueces. Pero Trump sigue insistiendo en que México resuelva problemas provocados por ellos mismos. La emigración de países centroamericanos nada tiene que ver con México. Lo más extraño, es que a nuestros vecinos no les preocupa tanto el ingreso de mexicanos, sino los miles de hondureños, guatemaltecos, nicaragüenses y de otros países sudamericanos que buscan el mítico y poco real sueño americano.

El peso comienza a recuperarse,  se cotiza en 19.53 por dólar. El pasado lunes alcanzó los 25 pesos. Es solo una pequeña señal, porque no se sabe con certeza si se aplicarán los aranceles a productos mexicanos a partir de la próxima semana.

Habría afectaciones severas en la industria automotriz y de autopartes. Los comerciantes de tequila prefieren mover su mercancía antes de pagar el nuevo impuesto. Es el sexto producto del campo más exportado por nuestro país, solo superado por la cerveza, tomate, carne de res, aguacate y cereales. Las más afectadas serías las empresas manufactureras y maquiladoras de Baja California, Nuevo León, Chihuahua, Coahuila, Tamaulipas y Jalisco.

Habrá que esperar, pero sin duda Trump es un Presidente vecino muy complicado que desestabiliza cualquier relación comercial, por la sencilla razón que es un tipo ocurrente, impositivo, agresivo y de escasa capacidad política.