Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3

CDMX, 21 de enero, 2019.- El pasado 18 de enero en las oficinas centrales de Pemex se reportó el aviso de una fuga con un alerta, los primeros elementos del Ejército llegaron antes de las 16:50 al ducto en donde se robaban gasolina Premium,  en el poblado de Tlahuelilpan, Hidalgo.

La explosión ocurrió unos minutos antes de las 19:00 horas. Hubo dos horas de ordeña sin ningún tipo de control. ¿Qué ocurrió en esas dos horas? ¿Por qué no se pidió más apoyo de las bases cercanas para controlar la situación? ¿Por qué no hubo más elementos a las fuerzas federales para evitar el saqueo del ducto?

La respuesta  la dio el general secretario de la Defensa Nacional,   Luis Cresencio Sandoval: con 25 elementos no se podía intervenir, y el repliegue fue mejor que un enfrentamiento con los ciudadanos. Hay un mercado negro de gasolinas  con grandes depósitos de combustible robado. No se puede ignorar que incluso con gasolina robada se abastecen flotillas de grandes empresas. 

Los grupos  delincuenciales que liderean el robo de hidrocarburos, se han aprovechado de la pobreza, el abandono del campo y la falta de empleo que hay en los pueblos aledaños a los ductos. Hoy, el gobierno de México, enfrenta estos graves hechos con  ley en la mano y con  respeto a los derechos humanos. Baste señalar, que el pasado 14 de enero, las fuerzas federales de seguridad  tuvieron acceso a imágenes de hechos similares a los acontecidos en Hidalgo.

Las imágenes de  Acambay, Estado de México, en donde gente con cubetas, bidones, y recipientes sacaron gasolina o diésel, es un asunto que  desgraciadamente se extendió a todas la zonas  por donde pasan los  ductos.  

Tlahuelilpan, es un ejemplo del poder los grupos delincuenciales que han laceraron a un pueblo de agricultores que cultivaba  alfalfa,  y que en los últimos años se ha dedicado al llamado  huachicoleo, tolerado por las autoridades de gobierno. La ordeña de ductos transformó a esa comunidad. 

 Los pobladores sabían que los señalamientos de “no excavar, no construir, no perforar”, eran zonas de riesgo, pero desde hace dos años se volvieron la guía para perforar y extraer hidrocarburos de los ductos.  En el pasado, circulaban por las carreteras camiones cargados de pacas de alfalfa, fresca o seca. Desde hace aproximadamente dos años esos camiones esconden contenedores de gasolina.

Se incrementó la venta de garrafones y bidones de plástico en los tianguis y en los comercios improvisados al pie de la carretera.  Ante esta realidad, de cientos de pueblos de nuestro país, la decisión presidencial contra la sustracción ilegal de combustible está tomada: ni un paso atrás.