Emiliano Pérez Cruz/Noticias y Debate M3

Nezahualcóyotl, 19 de abril, 2019.- Además, el marido de La Infeliz se agarró el patio para sus chambitas de carpintería, de barniz, de lo que cayera. Nomás se hacía el mustio y le valía queso que la nube de thíner y barniz invadiera la atmósfera del vecindario. El hermano se atrevió a ponerle el alto, que no fuera encajoso, que respetara las áreas comunes, pero el Cuñao ni por enterado.

Allá tú si te salpico, voy a regar mis plantitas, dijo y puso manos a la obra. Pero Cuñao como si nada. Ni cuando le cayeron chorros de agua. Eres un comemierda, le dijo, pero el Cuñao entró a la vivienda y salió acompañado de La Infeliz, que ya sabes la lengua que se carga, y empezó la gritería: qué te traes con mi viejo, dijo; desde que llegaste chingas y chingas conque el departamento es tuyo y ya te dije que pura madre, te faltan huevos y chingas y chingas a mi viejo y de ratas no nos bajas; bájate y verás si eres muy chingón; nos partimos la madre, te faltan huevos, por eso tus mujeres te abandonan, por eso tus chamacos no te quieren, por eso estás p’al arrastre.

Le gritaba al otro como de hombre a hombre. Y el otro reaccionó de tú a tú, como vieja chimolera: burlón, parado en la escalera, en el quicio de su puerta, mírenla, mírenla, piensa que todo se arregla a madrazos, piensa que darse de topes es arreglar los problemas con la cabeza; digo, si es que piensa: porque robar a la familia no es pensar. Qué te hemos robado, si ni para tragar tienes, ai ando luego matándote l’hambre, malagradecido, mantenido: baja pendejo, baja ¿o quieres que vaya por ti?

De pena ajena, de veritas. Hasta los chamacos de La Infeliz le gritaban al tío y amenazaban con subir a golpearlo, y el otro no se daba su lugar y contestaba sube y te recibo a garrotazos, te aplasto las manotas para que aprendas a no robar, y no fue chamaco, y el más chico le hacía señas y le decía mocos, tío, mocos, y los demás familiares queriendo apaciguar a La Infeliz, que se jaloneaba diciendo déjenme partirle la cara a ese cornudo, poco hombre, se pone con las vieja.

Pus échame a tu castrado, provocaba el otro a risotadas encorajinadas: para eso me gustabas Cuñao: pa’ que te escondieras tras de las faldas de mi locochona hermana. Y se siguieron insultando como no te das idea, como solo lo hacen los enemigos, hasta espuma echaban de lo encabritados y luego subieron sus sobrinas para ver si él se aplacaba, y luego las demás hermanas, que de gordas ni cabían en la escaleras. Feo, feo el espectáculo, deveras, te lo juro.

Y no es de ahora, a cada rato se dicen y se dicen y él se burla de ellas y ratas, les grita, ratas peludas, asquerosas ratas. Ve tú a saber cómo termina todo esto, al rato hasta se balean y una queriendo que los chiquillos no vean malos ejemplos y mira: todo se va descomponiendo. Ni la memoria de los papás respetan cuando de propiedades se trata. Ay, lo que se mira en estos días.

Y nadie es para aconsejarlos: nomas se divierten desde sus azoteas viendo las ridiculeces de ese vecindario. Lo que son los padres: el engrudo, el pegamento que une, que mantiene la paz entre los hijos. Nomás se van y todo se pone de cabeza y salen las ambiciones, y que ora te las verás con mi abogánster. Pus yo te mandaré al mío a que te eche de mi casa. Que los voy a meter a la cárcel por ratas. Antes te rajo la cara, para que sea con provecho. Ni que estuviera manco. Pus búscale y me hallas.

Y así los verás, un día sí y otro también. Poco les dura el gusto de estar en santa paz. Nomás los ves que se encuentran en la calle y ni un pedo se echan, solo miradas que matan. Hasta de banqueta se cambian. Si hasta parecen hermanos, tú…