Fabián Bonilla/Noticias y Debate M3

CDMX, 19 de febrero, 2020.- Vivimos tiempos confusos, donde todas las palabras se tienen que explicar o aclarar cuando se les da uso. Esto sucede precisamente con el término de interculturalidad, pues de entrada todo pareciera contaminado con esta manera de pensar y sentir la realidad, pero no es así, interculturalidad aunque ya es una palabra de uso común sigue teniendo múltiples sentidos y al mismo tiempo abre y cierra posibilidades.

A tal grado que se puede decir que no existe como entidad esencial, es decir, a pesar de que nos reconozcamos diversos culturalmente, la interculturalidad no siempre está presente. Sin embargo, hay casos que la podemos palpar o más bien escuchar; lo anterior sucede con el documental de Residente que forma parte de los materiales que exhibió la gira de Ambulante en la Ciudad de México. En esta columna contaremos una experiencia de apertura

Un documental autobiográfico inicia con la necesidad de René Pérez (Residente) ex vocalista que Calle 13 de seguir haciendo música en diferentes partes del mundo. Dice, Residente, para que “las voces del mundo contaran su historia”. Él que dejó a su banda de 10 años en la cumbre del éxito, para empezar, como dice desde cero. Esta necesidad lo lleva a emprender un viaje doble, pues inicia con el pretexto de un análisis que se había practicado de ADN, por tanto, quiere recorrer puntos trazados en su propio mapa genético, pero al mismo tiempo es una aventura al encuentro con el otro, en los lugares más distantes al origen de Residente: la isla de Puerto Rico.

Residente señala que había encontrado “un mapa donde las razas, las costumbres y los idiomas se juntaban sin ningún problema”. Y claro que esta afirmación no está exenta de contradicciones, pero sólo me gustaría resaltar un punto. Residente a pesar de su bagaje y sensibilidad artística sigue refiriendo a la diferencia cultural como raza, término cada vez más excluido por inexacto y por la polémica que conlleva.

Así, él parte de que “somos microscópicamente invisibles en relación a la historia del tiempo, pero formamos un mismo mapa”. Así que a partir de esta premisa en que lo pequeño puede articular lo portentoso es como también inicia su viaje Residente: saltamontes que aspira a ser dragón. Y así inicia su travesía en Tuvá, la frontera entre China y Mongolia, quienes han hecho su música copiando los ritmos de la naturaleza mientras cazaron a través de los milenios.

Luego viajará a la región de Cáucaso para también aprovechar y hacer una composición musical sobre la guerra, mostrando lo múltiples rostros de la guerra pero al mismo tiempo tratando de romper con los estereotipos que se tienen del enemigo, aquí paradójicamente lo que se escucha es un canto por la paz mundial.  Y Residente reflexiona advirtiendo que “el mapa genético que nos une a todos es nuestro pentagrama y la única manera de llenarlo de honestidad es sentir lo que sienten los demás.” Así llegó a China.

En donde tendrá un gran desafío en su encuentro con la cultura y la lengua del otro. Aquí sobresalen dos historias: por un lado, quiere hacer una canción con integrantes la ópera de Beijing y, por otro lado, hacer un canto para exponer el apocalipsis ambiental en la capital china. Pero aquí Residente experimentará lo complejo que es romper con la tradición, en ese caso, con las formas de la ópera tan anquilosadas por el tiempo, pero también se topará con lo desafiante que es la traducción. Aquí es el epicentro de la interculturalidad, aquí se expresa el sentido de tender un diálogo intercultural por medio de la mutua comprensión, pero sin obviar la tensión y hasta el desencuentro.

Después va a su próximo destino, “el lugar de donde todos venimos”, a África. Que como él lanza: “el continente saqueado por Europa”. El lugar de todas las contradicciones, donde la riqueza y la pobreza están en los polos opuestos, pero también en el despotismo y la lucha por la libertad. Allí Residente escucha a un interlocutor que le explica que la música es terapia, la música cura, la música une un país, la música une a un continente, no necesitamos pelear, necesitamos que la música cure a las personas… necesitamos música que genere alegría” mientras suenan tambores. Sin embargo, al final Residente recupera lo tenemos en común: “sudamos con el mismo calor, nos abrigamos del mismo frío y caminamos gracias a los rituales de la lluvia que nos nutre”.

Y así de las costas de Ghana de frente al océano Pacífico, regresa a su cuna, en las islas del caribe: Puerto Rico. Resaltando que este territorio es una colonia desde 1505 con la llegada de los colonizadores españoles, relata que los éstos saquearon todo el oro y cuando acabaron con la población originaria “acudieron a la importación de negros de África”, así se dará la mezcla cultural actual de la isla a partir de estos tres orígenes.  Ya en 1898 el dominio sobre la isla será de los Estados Unidos de América, que continúa hasta hoy a pesar de las luchas independentistas que a lo largo de más de un siglo se han dado, dentro y fuera de la isla, frente a lo que él cantará: “crecimos pero para que otros se aprovechen, somos un pueblo con dientes de leche”.

Su viaje concluye en una defensa de lo pequeño y del trabajo en colectivo: “como les dije… dentro de los grandes momentos todos somos igual de pequeños y siendo así de pequeño podemos mirar con mayor precisión la inmensidad de todo lo que nos rodea; somos capaces de trabajar en equipo para tejer algo infinito”. La gira Ambulante amble lector y lectora seguirá hasta el próximo 17 de mayo, así que aprovechen y también viajen a otras realidades siendo ustedes mismos.