José K/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 18 de julio, 2019.- Los problemas de inseguridad parecen resurgir incluso en pueblos donde se levantaron en armas los primeros grupos de autodefensa. Mientras que las comunidades indígenas que optaron por retornar a sus orígenes a través de las rondas comunitarias han obtenido buenos resultados.

El arribo de  fuerzas de seguridad de los tres órdenes de gobierno sólo ha dejado mal sabor de boca en pueblos originarios por los abusos y corrupción. Solo basta revisar algunos casos.

El mejor ejemplo de autodefensa  es Cherán, que estuvo pisoteado por el crimen organizado con el aval de las autoridades municipales, hasta el 15 de abril de 2011, tras un enfrentamiento con varios talamontes no solo se hicieron cargo de la seguridad sino que crearon un Concejo Supremo que ha dado buenos resultados en poco más de ocho años.

De hecho, fue la base para que en febrero de 2013 las localidades mestizas de La Ruana, municipio de Buenavista y Tepalcatepec se levantaran en armas. No obstante, en estas dos poblaciones y más de 20 municipios no se logró el éxito esperado por la sencilla razón de que fueron infiltrados por el crimen.

Las comunidades indígenas no requieren de tantas armas, ni de capacitación con grandes instructores, tampoco de sueldos, porque lo único que los mueve es la defensa de sus familias. Es obvio que los gobiernos, federal, del estado y municipios, no les conviene este tipo de organización, por la sencilla razón que se confirma la incapacidad e ineficiencia de los costosos cuerpos de seguridad que han sido rebasados por la delincuencia.

La organización indígena constituye una forma de autodeterminación, autogobierno y soberanía de los pueblos originarios, de ahí la importancia de reconocerlas en el marco legal para que operen y tengan autonomía en la designación del presupuesto. Las rondas comunitarias tienen más de 500 años de operar en las comunidades indígenas y prácticamente no requieren de tanto presupuesto.

Las comunidades por tradición tienen sus rondas comunitarias, en donde designa por costumbre al policía o vigilante, a través de los llamados barrios. Este modelo de seguridad tal vez no funcione en grandes ciudades. Aunque se pueden organizaron en colonias y barrios. Todo es cuestión de poner en práctica la experiencia, pero sobre todo es el propio pueblo el que puede controlar la corrupción de muchos policías.