Ignacio Ramírez/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 25 de febrero.-En  Roma observo dos claras vertientes: una se refiere al planteamiento de la propia película y otra que surgió  a partir de las nominaciones al Oscar,  y  al protagonismo inesperado de la actriz Yalitza Aparicio, que representó el papel comprometido de una sirvienta.

El  personal doméstico siempre ha sido objeto de explotación. Muchos de nosotros tuvimos a nuestras madres y abuelas laborando durante años en alguna casa. Lo veíamos como algo normal que nuestra madre realizara labores de limpieza y  cuidara niños ajenos, mientras que en nuestro hogar la hermana mayor era la responsable del  cuidado de todo.

Hay algo muy cierto, son los valores que tiene en general la mujer mexicana, que cuida y protege a la familia con la que trabaja como si fuera   la suya, incluso a costa de lo que sea. De ahí que en Estados Unidos las mujeres que laboran en casas particulares son muy valoradas.

Roma es diferente porque no la protagonizó una vedete o actriz de belleza extranjera, como lo hace Televisa con sus telenovelas o incluso en muchas películas del cine nacional. Yalitza representó un papel de una mujer trabajadora, solidaria con su patrona que vivía momentos de divorcio, y con los niños de la casa que siempre formaron parte de ella.

La realidad de muchos pueblos como el de Yalitza ancestralmente son de marginación y pobreza, pero muy diferente a la que se reproducía en la Ciudad de México al inicio de la década de los 70 (fecha en que se ubica la película), en aquellos asentamientos humanos de Nezahualcóyotl y de todo el oriente de la urbe que vivía entre el polvo y lodazal según la temporada del año. Con la carencia de casi todos los servicios, y en donde lo único en común era la pobreza.

El aspecto político, que tan solo es una pincelada en Roma,  el novio de Yalitza fue parte de Los Halcones que participaron en la represión estudiantil del 10 de junio de 1971  en la zona de San Cosme. Fue una emboscada en la que murieron muchos estudiantes del que podría decir mucho Luis Echevería, entonces presidente de México.

Del otro lado de la cinta, hubo quien descalificó a la actriz por el solo hecho de tener origen indígena. Unos de dientes para afuera, pero Yalitza también recibió mucho respaldo por personas conscientes y de calidad humana; otras voces no muy convencidas, seguramente  se sintieron presionadas porque el racismo es un acto vergonzoso y reprobable, que está en plena vigencia después siglos.

Hay de todo, también los oportunistas que abanderan de pronto la defensa indigenista, pero una vez pasada la moda se les olvida. Así ha sido desde hace más de dos siglos, con avances lentos, pero las etnias, más allá del arte, aún viven marginadas, discriminadas y con muy pocas oportunidades.

Obviamente que es un avance, porque nunca antes un mujer indígena mexicana estuvo en la disputa del Oscar, lo que ocasionó una sorpresa para propios y extraños. Esperemos a ver qué ocurre en los meses próximos. Pero sin duda hay muchas lecturas en torno a lo ocurrido con Roma.

Sin lugar a dudas Alfonso Cuarón es un gran cineasta. Son bien merecidos los premios Oscar como mejor director, mejor fotografía y mejor película extranjera. Roma es una cinta controvertida, pero finalmente es un filme que comunica, que hace reflexionar y sobre todo narrado con una enorme honestidad,  una historia tan cotidiana que pasó por todos inadvertida durante décadas en México.