Danesda Suárez/Noticias y Debate M3

Son muchos. Vienen a pie, vienen riendo. Bajaron por Melchor Ocampo…” (1)

Colombia, marzo, 2019.- Así empieza Elena Poniatowska su relato La noche de Tlatelolco sobre los sucesos del verano mexicano ocurridos en 1968.  Yo sabía de este libro desde muy chica, algo había escuchado de una película (Rojo amanecer) que describe los hechos con una crueldad magistral, algo entendía del movimiento juvenil mexicano y europeo de la época, algo había escuchado, algo terminas de escuchar siempre.  Cuando vi el libro en una caseta de revistas en Morelia, Michoacán, no dude en comprarlo, 90 pesos me parecieron un regalo, no me equivoqué.

Es un poco difícil de explicar por qué mi deseo de cumpleaños pedido explícitamente a mi hermano (quien hace ya un buen tiempo reside allá) era pasar el día en La Plaza de Tres Culturas, puede sonar bizarro y falto de tacto, ir a celebrar a una tumba; pero yo no quería celebrar sino conmemorar, por algún motivo siempre quise ir a México pero específicamente quería pararme en la mitad de esa plaza y buscar con mi mirada el trayecto al edificio Chihuahua, quería entrar a la Iglesia de Santiago y quería recorrer las ruinas tlatelolcas.

Ese lugar ejercía una fascinación mística para mí y no me equivoque, el Zócalo, las pirámides, el mar, el chile, en general todo estuvo bastante bien pero nada como Tlatelolco, desde que el subterráneo te escupe en la colonia el aire se enrarece, sabes que estas por entrar en la dimensión que nunca se olvida.

Estando en Toluca le conté mi idea a un amigo periodista, quien al escucharme buscó para ver un documental sobre el tema, fue útil porque daba datos arquitectónicos del lugar, datos específicos, historias específicas, yo antes de viajar había leído sobre el tema así que no era un lugar desconocido por decirlo de alguna forma; pero llegar allá se siente como entrar en el mismo triangulo de las bermudas, un lugar mágico y macabro, rico de metáforas y de dolor, que en ocasiones nos negamos a creer que exista y cubrimos con leyendas, como si la realidad no fuera suficiente.

Con mi hermano lo recorrimos todo, entramos a las tiendas que aún existen, pude tocar las columnas del Chihuahua, meterme al templo y pensar en la angustia de aquellos a los que la iglesia cerró sus puertas.  Estando allá me di cuenta de la inmensidad de una historia que tristemente tiende a repetirse.

Iglesia de Santiago

Fueron los 43 en el 2014;  fueron los estudiantes de la plaza Tiananmen en el 89; fueron las víctimas de las dictaduras latinoamericanas; en realidad es que fueron todos, parece ser que nos esforzamos en seguir repitiendo el mismo patrón de silenciar a los gritos o mejor dicho a los balazos. 

Los movimientos estudiantiles siempre le han jodido la vida a los gobiernos de turno, ya recuerdo nuestras épocas universitarias que se cerraron con muerto incluido (Jaime el muerto de la bala imposible), nosotros protestamos por el Hospital Universitario (al final nunca supe si realmente estaba en peligro), por la Reforma Educativa, por las Autodefensas y su injerencia en el gobierno estudiantil, protestamos por el SI y por el NO; pero protestábamos.  Al salir parece que muchos dejaron de protestar, conozco más de uno que ahora vive por la plata, baila por la plata como el perro, conozco a más de uno que ahora niega sus ideales, que ahora es un señor de pacotilla montado en un auto automático.

Tlatelolco es el lugar donde los dioses dejaron marcadas sus huellas en sangre, algunos se atreven a asegurar que ese verano se abrió la puerta a una nueva Era (son tantas las teorías conspirativas que se tejen sobre los muertos) hablan de la chica vestida con el traje de edecán que cayo muerta sobre la plaza, dicen que ella se sacrificó como los otros a propósito para dar lugar al cambio de los tiempos; patrañas Regina y todas los demás fueron víctimas de la violencia, del poder, de la corrupción, de la indiferencia y de la casualidad cruel de estar en el momento preciso y en el camino recto de la bala.

En Tres Culturas 2016

Mitificar los muertos irrespeta sus memorias porque ellos de por sí mismos tienen mucho que decirnos, sin que nosotros llenemos páginas con nuestras fantasías sobre “el despertar de la conciencia” y “puertas de la percepción”.  Tres culturas es el lugar más mágico que tiene Ciudad de México no solo por los hechos del 68, también por lo que representa históricamente, la unión de tres culturas y tres épocas, la cultura de Tenochtitlan, la cultura Española y el México moderno.

Ellos venían riendo, yo la verdad no me sentí con ganas de reír, camine con pasos sosegados sobre las piedras respirando lentamente como queriendo llenar mis pulmones con toda la atmosfera (se me olvido aquello de la contaminación); la historia es de quienes la hacen propia, de quienes sacan de ella vida.  Nunca olvidare ese cumpleaños, nunca olvidare ese viaje; pero ante todo nunca olvidare quien era yo en ese momento, esa nena que aún se fascina con la lucha.

Posdata: los 2 de octubre no son buena idea, en el 68 mataron las risas a balazos y en el 2016 los colombianos decidimos matar la esperanza en las urnas.