Mario Ensástiga Santiago/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 13 de mayo, 2020.-  Finalmente se dispuso a dormir tras un día más de involuntario confinamiento por la emergencia sanitaria del Covid 19, pese a estar exhausto no le era fácil conciliar el tan ansiado sueño, escuchaba circunstancialmente de fondo la vieja canción de León Chávez Texeiro…y su repetitivo estribillo… “se va la vida…se va al agujero, como la vida en el lavadero”, se sentía como esos vehículos que recorrieron muchos kilómetros y al apagar el motor seguía el ventilador en funcionamiento, repasaba cada una de las actividades de todo lo realizado durante el día, tareas manuales, de estudio, de ejercicio y las labores diarias, repetitivas e infinitas de la limpieza de casa y la comida diaria.

No dejaba de tener presente que su situación personal desde hace dos meses se debía al casi cumplimiento de 7 décadas, que por la alta vulnerabilidad y seguridad de vida estaba más que obligado que otras personas a permanecer en el reclusorio familiar, se lamentaba no poder como siempre, físicamente  abrazar, besar, mirar y platicar con su mujer e hijos, de igual manera no poder saludar a los parientes cercanos, le pesaba haber tenido que dejar las actividades profesionales, laborales y políticas, de bromear y ocasionalmente chelear un fin de semana con familiares y amistades; sorprendido y molesto porque veía que la vida transcurría casi normalmente en aquel popular vecindario moreliano, el tianguis de cada miércoles frente a sus casa, la mayoría sin tapabocas y como si nada grave estuviera pasando en el mundo.

Reconocía que en un principio no le importó saber que la señora que va a su casa por las mañanas tres veces por semana para hacer lo necesario e indispensable para que la vida hogareña transcurra en un ámbito de limpieza, orden, alimentación, descanso, ropa limpia y condiciones básicas para vivir a gusto, se tenía que ir a recluir a su casa al igual que él, con goce de sueldo mientras dure la restricción del “quédate en casa”.

Reconocía y empezaba sentir en carne propia y revalorar en estos días tan aciagos para los que tenemos conocimiento y  responsabilidad frente a la salud pública, constataba la dura tarea doméstica del diario de la gran mayoría de las mujeres, ahora veía con mayor claridad y crudeza lo que las feministas llamaron desde hace muchos años la doble o triple jornadas, al tener cotidianamente que anticiparse a los primeros rayos de sol, levantarse primero que el esposo, hijos e hijas, para su rápido arreglo personal, preparar el desayuno y el lonche de los que van a la escuela o al trabajo, en muchos casos y cada vez más, ellas mismas tener que ir a la calle y variados centros de trabajo para incrementar el ingreso familiar.

Se preguntaba cómo superar ese machismo y patriarcado tan acendrado en nuestra formación social y cultura familiar, cómo dejar de ser un clásico “machista leninista”, en fin, se repetía a manera de consuelo, ¡no hay más por el momento!, tengo que hacer algo de esas tareas, por lo menos hasta que regrese nuestra trabajadora doméstica ¡que para eso hay división del trabajo ¿o no? se repetía golpeándose la cabeza con el puño de la mano derecha, deseando que la mal llamada cuarentena llegara pronto a su fin, se le venían a la mente los momentos de todo el día, las noticias mañaneras de “La Z” de un tal José Luis Alejo y una Daniela Flores, sobre el preocupante incremento de los contagiados y fulminantes fallecimientos, de la violencia intrafamiliar, la violencia de toda índole en contra de las  mujeres y niñas, lo más grave las agresiones sexuales y el feminicidio, de la violencia común y callejera de los roba casas habitación y asaltos, en fin, un panorama  nada alentador.

No dejaba de recordar y sonreía con cierto desenfado, al mirar por la mañana la cama destendida, la ropa sucia tirada por todas partes, los cestos de basura a tope, el fregadero lleno platos, sartenes, cucharas, tasas y platos cubiertos de grasa y desechos alimentarios, el cesto de la ropa sucia vomitando la ropa íntima y demás por no haber más espacio; se burlaba de si ante la evidente falta de pericia para cumplir cabalmente la parte de las tareas domésticas encomendadas por su mujer, que por cuestiones propias de su trabajo tenía que ir como cualquier otro día, tener que poner una horas antes la ropa a remojar con jabón para luego meterla a la lavadora; del cómo se le doró de más en el aceite la sopa de fideo, por no hacer antes el preparado del caldillo de jitomate, cebolla y ajo.

Grandes lecciones del trabajo doméstico tan necesario y  tan poco revalorado, se preguntaba si la lucha de las mujeres de la defensa y promoción de sus derechos, que alcanzó una presencia espectacular a nivel internacional y desde luego en nuestro país, en el marco de las actividades de la conmemoración del pasado 8 de marzo, día internacional de la mujer y de  “ el 9 nadie se mueve”, que consistió en la jornada de que ese día ninguna mujer fuera a su centro de trabajo,  para sensibilizar a la sociedad machista y patriarcal, y hacer notar la importancia y vacío que dejan en un día de trabajo sin las mujeres.

Poco a poco el sueño finalmente ganando terreno, ahora que se habla exageradamente desde su punto de vista, que el mundo será otro, seguramente que sí, pero será como todo, un proceso, no de un día para otro, ojalá se decía somnoliento, que cuando pase ésta pesadilla del Covid 19, el machismo y cultura patriarcal de la sociedad, de hombres y mujeres, tenga cambios importantes, visibles, tangibles y prácticos, de compartir de alguna manera las tareas del hogar, no solo de mantenimiento, abasto y alimentación, sino también del cuidado y educación de los niños y niñas, cuidado de los viejitos y los y las enfermas, que no son por naturaleza tareas destinadas para hoy y siempre a las mujeres; de igual forma que los gobiernos impulsen de manera auténtica y verdadera, políticas públicas con perspectiva de género, como condición de la construcción de una sociedad democrática, incluyente, justa, igualitaria, humanista y sustentable.