Miss Editoriales/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 11 de julio, 2019.- La política y las formas de gobernar han cambiado en muchos aspectos, sobre todo en que ahora casi nada queda oculto. Ejemplos hay muchos pero me referiré en este caso a la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador y en específico a las renuncias de sus funcionarios.

Por un lado, parece que se ha vuelto costumbre que los funcionarios que deciden separarse de sus cargos, lo hagan a través de cartas que se publican en redes sociales y en los medios de comunicación, explicando los motivos de su dimisión y aprovechando para lanzar quejas y críticas contra quien fuera su jefe, que tampoco se ha quedado callado.

En épocas anteriores, cuando un funcionario renunciaba, únicamente escribía un texto en el que expresaba que lo hacía “por motivos estrictamente personales”, en tanto que el Presidente en turno se limitaba a “reconocer su labor”; tras bambalinas trascendían o se especulaba acerca de las verdaderas causas, pero hasta ahí.

En el gobierno actual, el primero en presentar su renuncia de forma escandalosa fue el director del  IMSS, Germán Martínez Cázares,  en mayo pasado, a través de una carta plagada de ataques hacia  el entonces secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, pero sobre todo con severas críticas hacia las medidas de austeridad republicana implementadas por el presidente López Obrador, acusándolo prácticamente de dejar desprotegidos a los mexicanos más pobres.

El pasado lunes fue el turno precisamente de Carlos Urzúa, quien también mediante una carta que hizo pública, acusando al gobierno obradorista de implementar medidas públicas sin sustento y de no tolerar la imposición de funcionarios  que no tienen conocimiento de la hacienda pública.

Lo novedoso es que ahora el Presidente no se quedó callado y ventiló que Urzúa tuvo discrepancias con él y con el jefe de la oficina de la Presidencia, Alfonso Romo, específicamente en cuanto al Plan Nacional de Desarrollo, pues dijo que el proyecto que le expuso el titular de la SHCP presentaba inercias de tipo neoliberal, incluso apuntó que pareciera que lo hubieran hecho Agustín Carstens –exgobernador del Banco de México- o el priísta José Antonio Meade.

No cabe duda que la política está cambiando, y tal parece que nada o muy poco queda oculto; que las formas de mostrar la lealtad también se han trasformado. Sólo esperemos que todo sea para bien.