Fabián Bonilla López/Noticias y Debate M3

CDMX, 9 de marzo, 2019.- La película Recuerdos de Fukushima (2016) de la directora alemana Doris Dörrie nos lleva a la reinvención de dos mujeres de orígenes culturalmente distintos, en el marco de fantasmas y de duelos particulares.

Marie (Rosalie Thomas) es una joven alemana que tras una decepción amorosa decide hacer algo de su vida para cambiar el rumbo que hasta ese momento había tomado. Y se enrola en una campaña de “clown” que intenta llevar entretenimiento a un campamento de damnificados, después del sismo que sufrió Japón de 9.0 en la escala de Richter.

Aquel sismo de 2011 provocó un tsunami que a su vez causó un accidente nuclear. En este viaje Marie se ubica en la “retórica salvacionista”, como la refiere la feminista argentina Karina Bidaseca, pues  intenta ayudar a los que ella considera que viven en una situación más trágica y dolorosa, y quizás así expulsar a su fantasma que convoca su pérdida amorosa.

Sin embargo, pronto se da cuenta que tampoco allí encuentra un lugar, hasta el punto que en que se le cuestiona su presencia en el campamento, ella decide pronto escapar. Sin embargo, al tratar de ayudar a la anciana Satomi (Kaori Momoi) tomará la decisión de quedarse y continuar con su idea de salvamento. Pero Satomi, última geisha de Fukushima, no le hará fácil tal empresa.

Satomi atrapada en sus recuerdos y Marie intentando alejar los suyos se enfrentan a las apariciones espectrales de la primera, pero sobre todo de  Yuki, la aprendiz de geisha que murió durante el tsunami. La relación  que empieza entretejer entre las dos mujeres no está exenta de conflictos y de contradicciones de todo tipo.

Pero al final ambas deben de reconocer su propia devastación. E ir abandonando aquellos referentes que supuestamente son sus fortalezas: la valentía y el arrojo de Marie, por un lado y, por el otro, la disciplina y los valores tradicionales de Satomi.

Imposible reducir y equiparar sus dolencias tras sus pérdidas. La ruptura de la relación de noviazgo en la antesala del matrimonio de Marie y la destrucción por la tragedia humanitaria en Fukusihima que atravesó Satomi y la culpa que siente por la muerte de Yuki. Pero desde sus mundos, las dos mujeres crean un vínculo emocional de sororidad que logra, por lo menos, expulsar a sus fantasmas.