José K/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 18  de abril, 2019.-No es fácil entender a las comunidades indígenas y menos a sus dirigentes sociales. Históricamente algunos líderes han sido reconocidos por su propia gente por solidarios, congruentes, luchones e incorruptibles. Pero hay muchos que han buscado un modus vivendi como líderes de supuestas organizaciones que no representan a nadie o  a muy pocas.

Cherán se cuece aparte. Es un pueblo que cuenta con un concejo mayor, después de que en abril de 2011 se enfrentaron a talamontes. Acaba de cumplir ocho años de contar con una autoridad electa bajo el principio de usos y costumbres. Sin duda  este gobierno ha dado buenos resultados, pero en gran medida por los excelentes liderazgos que se han formado en este municipio de unos 14 mil habitantes.

Hace ya varios años que se integró el Consejo Supremo Indígena de Michoacán (CSIM). Sin duda hay buenas intenciones  en la mayoría de los representantes de unas 50 comunidades como Ostula, municipio de Aquila, y de  la etnia purépecha como Santa Fe de la Laguna, Naranja de Tapia, Urapicho, Caltzontzin, Pichátaro, Zirahuén, Sevina, Capácuaro, Tiríndaro, Angahuan, Uricho, Turícuaro, Pamatácuaro, San Ángel Zurumucapio, Zopoco, entre otras, pero ninguna es cabecera municipal.

Precisamente el CSIM  ha promovido la libre autodeterminación de los pueblos, y que cada comunidad, por pequeña que sea, tenga acceso directo a su presupuesto, porque también históricamente han sido marginadas de los propios gobiernos municipales.

Sin duda hay mucha pobreza en las comunidades indígenas. Pero también es cierto que la misma pobreza se observa en municipios no indígenas y en los cinturones de miseria de las grandes ciudades. Sin contar que aunque escaso, llega presupuesto a las cabeceras municipales.

Más allá de los liderazgos, el municipio en general vive una crisis tremenda, se encuentran endeudados y el presupuesto no  alcanza ni siquiera para los gastos de operación. Me refiero a los municipios más pobres indígenas y no indígenas. Es decir, el municipio vive una crisis estructural, aún peor que los estados, y la solución  estriba en una distribución más equitativa del presupuesto. Sin duda la Cuarta Transformación debe tener una propuesta.