Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3

CDMX, 4 de junio, 2020.- Desde 1800 hasta 1950, más de cuatro mil afro-estadounidenses fueron víctimas de linchamientos. Estas prácticas eran comunes tanto que se anunciaban por adelantado en la prensa. En estos asesinatos extrajudiciales, la policía los ignoraba. Las protestas de la década de los años sesenta fueron impulsadas en parte por la brutalidad policial, pero también por la exclusión de los afros estadounidenses en la vida cívica.

Los efectos de esas formas de discriminación todavía están en evidencia hoy en día, y juegan un papel importante en la privación de derechos de muchos afroamericanos. Las familias de los afro-descendientes disfrutan de un nivel drásticamente más bajo que los blancos o los asiático-mericanos.

A raíz de los disturbios de 1967, las políticas federales cambiaron bajo el presidente Lyndon Johnson de la “Guerra contra la pobreza” a la ” Guerra contra el crimen“. Hoy, los afro-estadounidenses, especialmente los hombres, siguen siendo los objetivos de las fuerzas policiales.  

Esta situación hizo crisis en 1992, cuando California buscó ayuda para sofocar los disturbios después de las absoluciones en el caso de Rodney King.

En estos días, sin embargo, los gobernadores de California, Illinois y Michigan han dejado en claro que no buscarán la participación de federales tropas en sus

Con estos antecedentes de violencia, polarización racial el pasado 2 de junio, el presidente Donad Trump no buscó bajar la extrema polarización racial que hay en esa sociedad, por el contrario buscó el espectáculo, ordenando el desalojo de los manifestantes pacíficos para poder tomarse la foto con una Biblia en una iglesia cercana a la Casa Blanca.

Ese día también lanzó la amenaza de enviar tropas a sofocar las manifestaciones contra el racismo.   Trump trató de parecer más duro que los gobernadores, pero no asumió ninguna responsabilidad para imponer la tranquilidad. Si enviara tropas, la carga recaería sobre él para mostrar resultados. Con toda probabilidad, entonces, no habrá los enfrentamientos que auguran los comentarios del Presidente. No enviará tropas a un estado que no las quiera. Pero, al amenazar con hacerlo, Trump pisa terrenos nunca antes transitados: lanzar al Ejercito contra la población social.