Fabián Bonilla López/Noticias y Debate M3

CDMX, 3 de noviembre, 2019.- En las plataformas y las redes socio-digitales no sólo circulan mensajes públicos, sino también privados y hasta íntimos. Y esa dimensión de confianza o de amistad se pueden expresar las “verdades” de individuos que configuran el imaginario social. Hace unos días empezó a circular unos comentarios en una red social que revela una sociedad racista y clasista.

Se señala que forma parte de una conversación de un grupo de mujeres que se dan tips o sugerencias para enfrentar ciertos obstáculos en su día a día. Si bien se borró la identidad de la comunidad virtual y de sus participantes, se puede seguir la lectura del diálogo sin problema en esta “esfera pública”.

La primera enunciadora (una de las mujeres de la comunidad) del dialogo, pide ayuda en estos términos: “Niñas mi muchacha es lo máximo (sic) de trabajadora pero huele MUY MAL (en lenguaje en redes, el enunciador enfatiza esto último como si levantara la voz).

Y para darle más potencia a su enunciación explica más el “problema”, así: “No sé (sic) que darle o como (sic) decirle… Obviamente le compre (sic) TODO (desodorante shampoo estropajo talco locion crema de verdad TODO)” (sic tras sic).  Más adelante dramatiza más la situación: “mi depa se está impregnando y me quiero morir”. Y lanza la petición de ayuda a través de una pregunta retórica a las posibles interlocutoras: “… nunca le he dicho hueles mal… le diré?” (sic).

Las respuestas no tardaron.

La secuencia de “capturas de pantalla” nos trae el hilo de contestaciones y propuestas para salir del apuro, como lo hacen las comunidades que se apoyan mutuamente. Una segunda enunciadora, propone: “A mi me pasaba con una que contrate (sic) olía como a humo pero no se les quita amiga creo q (sic) por eso les ponen uniformes igual puede ser una buena opción”. Esta “voz” claudica ante la imposibilidad de un cambio, pero sugiere la disciplina del uniforme, apelando a las representaciones de la blancura.

La siguiente interlocutora explica con supuestos conocimientos biológicos y con la debida educación para el caso: “Hay gente que huele así, sin que se incomoden por el comentario, pero las diferentes razas tienen diferentes olores POR NATURALEZA, los indios huelen diferente a los negros, los asiáticos hueles diferentes a los europeos”.

Otras hasta apelan a terapias alternativas: “llévala a terapia de imanes cambia el ph”. Pero también hubo quienes buscaron indagaron los orígenes del problema, proponiendo también propuestas: “Sabes que (sic) ha de ser (sic), los huaraches de plástico, apestan el cuarto y todo, así le pongas coco (sic) Chanel no 5”. También las hubo que lo tomaron con humor y expresaron el derecho a la propiedad privada y además otro tipo de olores exóticos: “la mía huele a tortillas jajajajaa” (sic).

Otras expresaron su incapacidad de darle sentido a este tipo de asuntos: “que (sic) miedo olfatearla toda”. Mientras que otras sugirieron remedios más contundentes: “el vinagre es buenísimo, les cambia el ph (…) ponle vinagre de verdad no sabes”. Frente a lo cual se cierra el diálogo con un contundente y efusivo: “sii (sic) wauuu no se me había ocurrido”.

Estas joyas discursivas nos muestran el rostro que se quiere ocultar, pero frente al más mínimo pretexto aflora: el racismo y el clasismo en la sociedad mexicana.