Fabián Bonilla López/Noticias y Debate M3

CDMX, 26 de marzo, 2019.- Ayer se conoció la petición, hecha por el Presidente, de disculpas solicitada a la monarquía española por los “atropellos” durante la Conquista, pero también al Papa en el Vaticano. A partir de lo cual se dio una cascada de información, de dimes y diretes y además una escalada de memes que han inundado las redes sociodigitales. Desde aquí intentaremos decir ciertos puntos, con la expectativa de no caer en la frivolidad y lo superficial.

En este sentido,  se puede aclarar que: “la disculpa que López Obrador le ha pedido al Rey, matizan las fuentes, no es por la conquista como concepto, sino por los delitos y vejaciones que se cometieron contra los pueblos nativos durante aquella época” (El País, 25/marzo/2019). Frente a lo cual: “el gobierno español, presidido por el socialista Pedro Sánchez, calificó de ‘inaceptable’ la petición hecha a través de una carta del Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, al jefe del Estado español” (La Jornada, 25/marzo/2019).

Aquí lo primero que se puede resaltar de la “ocurrencia” (dice Acción Nacional) de AMLO es la apertura de un debate en torno a la experiencia colonial, ante lo que podemos preguntarnos desde dónde se posiciona el propio Presidente para hablar. Y lo hizo desde el centro ceremonial en Comalcalco, en Tabasco,  donde dijo lo siguiente:

“Envíe ya una carta al Rey de España y otra al Papa para que se haga un relato de agravios y se pida perdón a los pueblos originarios por las violaciones a lo que ahora se conoce como derechos humanos, hubieron matanzas, imposiciones. La llamada Conquista se hizo con la espada y con la cruz. Se edificaron las iglesias arriba de los templos, se excomulgó a nuestros héroes patrios, a los padres de nuestra patria: a Hidalgo y Morelos, por eso es tiempo de ya decir vamos a reconciliarnos pero primero pidamos perdón. Yo lo voy a hacer porque después de la Colonia hubo mucha represión a los pueblos originarios, fue lamentable lo que pasó con el exterminio a los yaquis, a los mayas”.

De aquí vale la pena resaltar la manera en que López Obrador toma la parte por el todo. Pues para él la “llamada Conquista” se circunscribe a partir de la caída de Tenochtitlán (en aras de la conmemorar en 2021 el Año de la Reconciliación Histórica, al cumplirse quinientos años de este episodio que aniquiló al pueblo mexica), el “protonacionalismo” anclado en el “nahuacentralismo” es desde donde  también “habla” el Presidente. Y denuncia que tal gesta invasiva se realizó a través de “la espada y la cruz”, allí justifica el porqué de mandar las cartas a la Corona española y al Vaticano.

Y de manera implícita señala que la Conquista se fundó en la empresa militar pero también en la religiosa. Y lo enfatiza cuando expresa: “se edificaron las iglesias arriba de los templos”, es decir, se impuso la religión católica a las naciones originarias en aquel entonces; la misma religión que el profesa y es parte de su repertorio discursivo. Más cuando ha amagado con otorgar medios de información a grupos de religiosos, aunque este vínculo con la religiosidad de origen europeo ya la había mostrado a través de su alianza con el Partido Encuentro Social (PES). Así que tenemos un Presidente también colonizado.

Luego da cuenta de que la religión católica ha sido violenta hasta con los padres de la Patria. Y aquí el propio AMLO se desdobla, pues reconoce que él mismo pertenece a estas maquinarias colonias, pues dice que “vamos a reconciliarnos pero primero pidamos perdón”. Él mismo se coloca tanto en el lugar de exigir el perdón, pero también de quien puede otorgarlo. Por lo que nos preguntaríamos cuál es el fundamento para que él pida perdón, al reconocer agravios a las naciones originarias en la etapa del México independiente, es decir, por los ultrajes del Estado mexicano. “Yo lo voy a hacer porque después de la Colonia hubo mucha represión a los pueblos originarios, fue lamentable lo que pasó con el exterminio a los yaquis, a los mayas”.

Así menudo favor les hace el Presidente a estos pueblos, pues si bien no se niega la violencia brutal que se dirigió a estas naciones originarias, no se puede hablar de exterminio, pues los yoreme y mayas siguen respirando sus propias culturas. Y ya que hicimos mención de los mayas aquí se puede invocar el texto zapatista que se dio a conocer en enero de 1994, hace 25 años:

“¿De qué tenemos que pedir perdón? ¿De qué nos van a perdonar? ¿De no morirnos de hambre? ¿De no callarnos en nuestra miseria? ¿De no haber aceptado humildemente la gigantesca carga histórica de desprecio y abandono? ¿De habernos levantado en armas cuando encontramos todos los otros caminos cerrados? ¿De no habernos atenido al Código Penal de Chiapas, el más absurdo y represivo del que se tenga memoria? ¿De haber demostrado al resto del país y al mundo entero que la dignidad humana vive aún y está en sus habitantes más empobrecidos? ¿De habernos preparado bien y a conciencia antes de iniciar? ¿De haber llevado fusiles al combate, en lugar de arcos y flechas? ¿Quién tiene que pedir perdón y quién puede otorgarlo? ¿Los que, durante años y años, se sentaron ante una mesa llena y se saciaron mientras con nosotros se sentaba la muerte, tan cotidiana, tan nuestra que acabamos por dejar de tenerle miedo?”.

Por eso vale la pena preguntarnos: ¿Quién tiene que pedir perdón y quién puede otorgarlo? Por lo que se puede abrir la interrogante de quién proviene la exigencia del perdón, pero también a quién está dirigida, en este caso al Rey Felipe VI y al Papa Francisco. Por eso llama la atención que haya sido el gobierno de España quien sentenció: “rechazamos con toda firmeza” el contenido de la misiva, es decir, ni siquiera el Rey que fue aludido habló sino un súbdito de la Corona Española, poniendo en evidencia la vigencia del poder que aún tiene la monarquía. Pues AMLO aunque presidente constitucional no es un igual al Rey de España. Así las diferencias jerárquicas de matriz colonial. No por nada también apareció en el espacio público, el decir del escritor Arturo Pérez-Reverte que llamó a nuestro ilustre Presidente: “imbécil” y “sinvergüenza”. La Corona se defiende y lanza sus súbditos al combate.

Por tal motivo, desde mi punto de vista la exigencia de perdón cabría si fuera la voz de las naciones originarias sobrevivientes a la Conquista quien la reclamara. Pero sobre todo para que no quedara sólo para apaciguar a las buenas conciencias, través del “mea culpa” y los golpes de pecho, sino para abrir el debate en torno a la experiencia colonial que aún padecemos como pueblos originarios. Por eso esta petición frente a la mayoría mestiza es un despropósito, ocurrencia y sinsentido porque la violencia colonizadora tuvo y tiene un gran éxito, pues para la población mestiza no hubo agravios ni abusos que confrontar porque se les borró de su memoria.  Y no así a las naciones originarias que a diario sufren esa violencia que viene de siglos atrás.