Ernesto Martínez Elorriaga/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 6 de mayo.-Hay optimismo en los altos cuadros del Partido de la Revolución Democrática, en el sentido de que lograrán una franca recuperación en los próximos años. Pero eso también lo dicen los del PRI y los del PAN, y no es ningún consuelo.

Tres décadas es mucho y a la vez poco tiempo para la construcción de un verdadero partido de izquierda. Durante la administración de Carlos Salinas de Gortari se hizo todo lo posible por destruir al partido del sol azteca, porque fue visto por amplios sectores del PRI como un verdadero enemigo. Además de que Salinas no acababa de digerir el respaldo nacional  que logró Cuauhtémoc Cárdenas, porque no hay que olvidar, a toro pasado, que ya muchos priistas reconocen  el fraude electoral de julio de 1988.

Michoacán fue el bastión perredista, así como un laboratorio político en el que hubo de todo, pero la constante fueron los fraudes electorales y violencia entre militantes del PRI y del PRD. La situación fue crítica, no obstante la exageración de algunos medios informativos. La parte más álgida se dio entre 1988 y 1992. Pueblos y familias se dividieron.

No hay que olvidar que como nunca hubo derroche económico en Michoacán. Se atendió parte de la problemática social, pero sobre todo, los medios informativos casi fueron controlados en su totalidad. No había redes sociales. En Michoacán se ejerció un periodismo partidista, con mucha inclinación a favor del partido tricolor.

El amarillismo estuvo en su máxima expresión, si alguien moría atropellado o por un enfrentamiento pasional se investigaba si era priista o perredista. Algunos dirigentes del partido del sol azteca hablaban de 200 muertos, pero la Fiscalía Especial que encabezó Leonel Godoy Rangel, solo pudo comprobar 17 casos.

Hay que reconocer que hubo momentos tan álgidos que estuvo muy cerca de que se diera un movimiento civil armado de gran magnitud. Pero mucha gente que se jugó la vida quedó decepcionada cuando comenzaron las negociaciones por alcaldías y diputaciones. Eran cientos o miles de militantes perredistas que se la había jugado a favor de un movimiento político-social. Hubo tomas de alcaldías, algunas de ellas con personas armadas; bloqueos de carreteras, marchas, tomas de plazas, entre otras acciones.

Algunos líderes perredistas fueron comprados. Era tan perfecta la estrategia del gobierno salinista; en 1991 el PRD perdió los 13 distritos electorales, y a nivel nacional, solo alcanzaron el nueve por ciento de la votación.

Así que si alguien compara con lo ocurrido en la administración de Enrique Peña Nieto es pura coincidencia. No hay que olvidar que el entonces presidente de México logró las reformas estructurales con el apoyo de legisladores perredistas y panistas. Podríamos decir que la cúpula perredista cosechó lo que sembró. Pero el mundo de la política es muy sui generis, y en un futuro no muy lejano muchas cosas podrían dar vuelta.