Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3

CDMX, 13 de febrero, 2019.- En el año 2000 y debido a la estrategia de contención estadounidense los cruces fronterizos se habían vuelto de alto riesgo y 490 mexicanos habían encontrado la muerte en su intento por llegar “al otro lado”: más de un muerto por día. Ésta era, en la visión del nuevo responsable de la cancillería, una situación insostenible y vergonzosa.

Era, por tanto, imperioso poner el tema migratorio sobre la mesa de negociación de la relación bilateral. A primera vista, los tiempos parecían favorecer una propuesta de este tipo. Vicente Fox había ofrecido hacer del tema migratorio una prioridad de su gobierno.

Además, las circunstancias de su llegada al poder lo habían convertido en una suerte de “héroe democrático” que prometía verdaderos cambios al statu quo en todos los sentidos. Por último, ya desde la campaña, Fox se había propuesto gobernar también para los 20 millones de mexicanos que vivían en Estados Unidos, por lo que era visto como un verdadero campeón de la causa migratoria.

Cabe destacar en ese sentido sus discursos de campaña en Estados Unidos dirigidos hacia ese sector de la población y la creación, dentro de la Oficina de la Presidencia, de una dependencia encargada en concreto de este tema bajo la batuta de Juan Hernández.

La idea de que el país debía tener una política exterior plenamente subordinada a los intereses económicos y comerciales dejaba un margen de maniobra muy estrecho. El ridículo de Fox en  mediar en cuanto conflicto aparecía  en el escenario internacional llegó a niveles de nunca vistos en la política exterior mexicana.

Baste recordar los intentos de mediación de Fox en los casos de Colombia y las dos Coreas; en mirar la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio en materia de derechos humanos cómo reclamar derechos humanos , o en ser la sede de cuanta conferencia internacional se proponía.

Pocos recuerdan a los niveles de degradación a los que llegamos. Baste señalar un ejemplo,  en la región montañosa de Xi’an, entre el Palacio de Huan Ching y el Museo de los Guerreros y Caballos de Terracota, los colaboradores e invitados del presidente Vicente Fox -inspirados por Jorge Castañeda- jugaron a las escondidas entre las figuras de cerámica; un ex presidente de Tv Azteca le dijo “mamón” al entonces embajador de México en China, Cecilio Garza, y Martha Sahagún… pidió tres deseos.

Al amparo de las puertas que se abrieron en ocasión de la visita del jefe de Estado mexicano, hasta las figuras de los Guerreros de Terracota -consideradas maravillas del mundo- estuvieron en riesgo. Sí, porque nadie puso orden y cuando alguien lo intentó -caso del embajador Garza-, fue maltratado por el  entonces vicepresidente de Televisión Azteca, Jorge Mendoza: quien le expresó: “estas asumiendo una actitud muy mamona!”  Tras el regaño, el diplomático mejor optó por el bajo perfil en el resto del recorrido y quién sabe si algo tuvo que ver el incidente, pero el caso es que ya no apareció en la comitiva del mandatario en el traslado a Shanghai, última etapa de la gira.