Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3

CDMX, 12 de febrero, 2019.- En la revista Foro Internacional, del Colegio de México, la investigadora  Érika Ruiz Sandoval  menciona que “revisar la política exterior durante el sexenio de Vicente Fox equivale a evaluar algo que nunca fue”. Ruiz Sandoval  afirma “quizá más que en ningún otro momento de la historia reciente de México, la política exterior entre 2000 y 2006 fue un ejercicio vacío que, si acaso, trajo más problemas que soluciones.

En retrospectiva, afirma la académica  tal vez esto no sorprenda a nadie, toda vez que el sexenio de Vicente Fox resultó, en prácticamente todas las áreas, no estar a la altura de las expectativas de propios y extraños”. Fueron muchos los cambios de forma y poca la sustancia que guiaron a la mayor parte de las  acciones gubernamentales. En el caso de la política exterior, donde la forma muchas veces es fondo, el “nuevo estilo” resultó poco menos que desastroso.

La novedad en el proyecto del entonces secretario de Relaciones Exteriores, Jorge Castañeda radicaba en buscar la profundización de la relación, es decir que se trataría de incluir progresivamente todo aquello que quedó fuera del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), o sea todo lo que no fuera estrictamente libre comercio y que es propio de una relación de interdependencia compleja como la que tienen México y Estados Unidos, y en menor medida con Canadá.

Al proyecto se le dio el nombre informal de “TLCAN-P1US”. El punto focal más inmediato de esta nueva estrategia de profundización de las relaciones con el principal socio de México era conseguir un acuerdo migratorio integral con Estados Unidos que permitiera ordenar el tránsito de migrantes mexicanos hacia ese país.

La justificación para tratar de conseguir un acuerdo de esta naturaleza estaba a la vista: el flujo de migrantes de México a Estados Unidos era por mucho, el mayor del mundo. Se calculaba en el año 2000,  que emigraban al país vecino 600 mil  mexicanos al año entre documentados e indocumentados.

Aunque la migración mexicana hacia Estados Unidos es ya un fenómeno histórico, ninguno de los dos países había hecho nada por regularla. Para Castañeda parecía una contradicción evidente que México fuera ya el segundo socio comercial de Estados Unidos y que, sin embargo, en el ámbito migratorio no hubiera acuerdo entre ambos países.

Peor aún, frente a la “política de no tener política” al respecto del gobierno mexicano, desde mediados de la década de los noventa Estados Unidos tomó medidas unilaterales para contener el flujo migratorio que no había hecho más que crecer debido a las recurrentes crisis económicas mexicanas de las últimas décadas.