Danesda Suárez/Noticias y Debate M3

Colombia, 20 de noviembre, 2019.- Actualmente contamos con la “esperanza de vida” más larga en la historia de la humanidad, los avances tecnológicos y los cuidados médicos nos han permitido llegar a los 77 años o más…. pero si es una prolongación de la vida en términos de sufrimiento y desespero, no veo porque debe parecernos un estado mejor que antes.

En nuestro afán por conservar a nuestros seres queridos cerca, pasamos por sus necesidades físicas y emocionales, pasamos por encima del verdadero ciclo vital y llegamos a pasar por encima de nuestras propias capacidades. ¿Y todo para qué? para prolongar una situación que se torna insostenible, para evitar una situación que tarde o temprano debe llegar.

En estos días estuve pensando con detenimiento sobre el concepto de la “muerte digna” pero sobretodo de la “vida digna”, sobre el egoísmo que surge de los reiterados esfuerzos por salvar a alguien que ya no puede o no quiere vivir y sobre lo realmente humanitario que resultan los cuidados paliativos, la eutanasia y la comprensión de la muerte como un estado más dentro del ciclo vital. No llevo tanto tiempo como otros dándole vueltas al mundo pero ya vi morir a personas muy cercanas a mi corazón, familia y amigos que aunque partieron de forma corpórea no lo hicieron jamás de forma espiritual (nuestras huellas no se borran de las vidas que tocamos) y realmente pienso que en el momento que deje ir es cuando permití que dichas personas se quedaran por siempre conmigo.

Ahora prolongar vidas a términos insostenibles en términos físicos, morales y emocionales se me hace un acto más que humanitario; egoísta, terco y narcisista…. estoy segura que dejándote ir es la mejor forma de permitir que te quedes, cuidarte hasta donde quieras que te cuiden y dejarte ir de una forma digna sabiendo que tus huellas quedaran por siempre entre quienes amaste y te amamos.

Creo que deberíamos dejar atrás el concepto de la inmortalidad y el afán por una esperanza de vida más larga y más bien volcarnos a tener vidas dignas, a amar, a ser valientes y a cuidar de nosotros y de los otros de la forma adecuada cuando sea necesario. No es prolongar la vida el acto humanitario es saber escuchar, brindar cuidados paliativos dignos y en el mismo momento de la muerte dejar ir.

¡Qué sé yo…! Eso pensé  en aquel frió pasillo.