Emiliano Pérez Cruz/Noticias y Debate M3

Nezahualcóyotl, 27 de enero, 2020–De que a mi padre le da por soltar la lengua, no hay quien lo pare. Y me duelen más sus palabras que las patadas en las nalgas. Mi madre escuchaba mientras zurcía los calcetines de mi padre; de vez en cuando lanzaba un suspiro, meneaba la cabeza y decía: “Ay Norberto, ya deja en paz a ese chamaco, lo vas a dejar más atarantado de lo que ya está con tantos coscorrones y jalones de orejas…

Mi padre, generación del medio siglo –según dice–, nacido en los años 50, se enciende cuando ella le recuerda que me llamo como me llamo en honor a él, por el ser el mayor. Mi padre, que bien puede ser mi abuelo. Tengo trece años, entraditos a los catorce: soy de febrero, nací cuando las tolvaneras sobre la ciudad están en su apogeo y todas las calles en silencio.

–Por eso son como son tus hijos– replicaba colérico Norberto padre–, te la pasas alcahueteándolos y a mí que me lleve la chingada, ¿no? Alcahuetéalos y verás cómo ese par de monstruos van que vuelan para ser como éste o peor: Norberto, espléndido, brillante. Brillante prángana es lo que va a ser si no le meto rigor para que estudie. Güevón y chaquetero, ¿qué tanto te encierras en el baño, a ver? Te van a salir pelos en la mano de tanto torcerle el cuello guajolote… Así deberías de ser para el estudio: enviciado, constante, aferrado…

–Ay Norberto, ni que tú no lo hubieras hecho nunca, ¿no que tu papá tuvo que llevarte al peluquero para que te rasuraras las cuatro palmas, porque hasta con los pies lo hacías? –embromaba la mamá de Norber durante las inacabables discusiones.

–Ohhh que la… ¿¡Así es como me ayudas a enderezar a este engendro!? Si no ayudas, no estorbes, me cae… Ya ves a tus hermanos y hermanas: tanta condescendencia les puso en la torre: dos madres solteras, una del talón, un cementero y dos vendedores de mariguana, ¿eso quieres que sean tus hijos?

–Mira, cabrón: serán lo que son pero lo que es a ti no te piden ni un jarro de agua. Más bien son ellos los que tienen que andarme prestando dinero porque a ti no te alcanzó para el gasto, pinche digno muerto de hambre… Vergüenza debería darte tener tres hijos y no ser capaz de cumplir con tus responsabilidades… Y ya tan viejo, no aprendes.

Como a otros chavos de su edad, para Norberto llegó la oportunidad de escapar, de perderse durante buena parte de la noche, juntándose con la banda, con los amigos del barrio…

–Ya estuvo, digo yo: llegó la hora del desafane. Así es casi siempre: comienzan conmigo y terminan desgreñándose entre ellos. Lo malo es que después de un desgreñe fue que decidieron que yo fuera a dar con mis huesos a una escuela militarizada. Porque luego del truene con tantas materias en la secundaria de gobierno, decidieron que estudiaba porque estudiaba, siendo que a mí lo que me gusta tumbarme en la sala cuando no hay nadie, poner una película o ver las revistas de mi papá que tienen puras viejas encueradas y darle sus jaloncitos a mi bicholita hasta que me sale agüita, porque mocos todavía no, en ese entonces.

Norber terminó por abandonar la escuela militarizada privada, incluso con la anuencia de sus padres: en ella se inició en el consumo de drogas (mariguana, thíner, activo y otros solventes). Ante su negativa (quién sabe por qué) para ser alguien en la vida, Norber se ocupa en lo que sea y donde lo acepten, casi siempre en calidad de ayudante, chalán, traidor (“ve y tráeme esto; ve y tráeme aquello”). Y en la noche, vamos con todos los Norber de la colonia… Sin ánimo, aferrados a la nada, integrados al paisaje de la colonia, ya ensalitrados como las más viejas construcciones.