Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3

CDMX, 10 de marzo, 2020.-Sin crecimiento económico en el año 2019, pérdidas en PEMEX por casi 36 mil millones de dólares, y con un pronóstico de crecimiento del PIB para el 2020 de .5%  según el Banco de México. Estamos en un ambiente de falta de confianza para nuevas inversiones, de falta de empleos y de una creciente reducción en los ingresos fiscales. Vivimos el fin de los potenciales estabilizadores de esa peculiar combinación de un tímido ciclo democratizador limitado a la esfera electoral y un proyecto neoliberal a medias, que protegió los intereses de toda clase de monopolios, públicos y privados.

En términos económicos, lo único que se ha logrado es un prolongado estancamiento y un agravamiento de la desigualdad y la pobreza; y en términos políticos estamos llegando al agotamiento de la democracia electoral

La crisis de 2020 es multidimensional: económica, política, moral y social, con todos los frentes comprometidos y atravesando momentos de definición. México confronta radicales disyuntivas: la restauración autoritaria o un salto cualitativo hacia la democratización; una ruta hacia el crecimiento o el estancamiento indefinido; la construcción de Estado de derecho o la continuidad de la precariedad institucional y la captura del Estado por los poderes fácticos

No hemos podido salir de la trágica herencia de Felipe Calderón y su violencia criminal que dejó su “guerra contra el narcotráfico”. Tampoco hemos terminado con la corrupción como cultura política, que facilitó la colonización criminal de las estructuras del Estado; la debilidad de las instituciones de justicia y del poder judicial y facilitó la impunidad de casi todos los crímenes.

El grupo de Enrique Peña Nieto decidió apostar por una victoria arrasadora que le garantizara al PRI la mayoría absoluta en las cámaras de senadores y diputados, de tal forma que el nuevo presidente pudiese realizar todas las reformas que considerara pertinentes sin verse sometido a negociaciones costosas.

La inversión realizada por esta vía fue incuantificable. La legislación electoral entonces vigente carecía de prescripciones para vigilar este tipo de gastos, cuya absoluta impunidad solo es explicable por la más completa ausencia de mecanismos de rendición de cuentas y la complicidad de los congresos estatales y sus respectivos órganos de auditoría. 

La detención de Emilio Lozoya en España está asociada con el financiamiento ilegal de la campaña de Peña Nieto en los comicios de 2012.

El PRI no alcanzó la mayoría parlamentaria en las elecciones de 2012, lo cual obligó a Peña Nieto a cambiar radicalmente su estrategia. Dado que sus promesas de campaña, centradas en grandes reformas económicas, exigían cambios constitucionales, el riesgo de veto por el PAN y/o por el PRD se actualizó y hacía temer el regreso a la situación de parálisis política que el propio Peña había propiciado en los últimos años al torpedear todas las iniciativas de Calderón. Era necesario imaginar otro método de gobernabilidad parlamentaria.

La agenda política resultante fue una especie de síntesis de un programa de gobierno, que aseguraría la aprobación de un amplio paquete de reformas legales, institucionales y de políticas públicas. La lista estaba conformada por casi cien acuerdos de importancia diversa, pero sin duda ambiciosos, incluyendo las reformas faltantes del ciclo neoliberal fiscal: energética, regulatoria. Tal fue el contenido del Pacto por México. 

La reforma energética la más importante del Pacto lleva ahora a que Estados Unidos, la Unión Europea, Canadá y seis países europeos más mantengan conversaciones conjuntas sobre sus preocupaciones acerca de la política energética de México.

Esa reunión diplomática es una medida de cómo la ruptura de López Obrador con la política energética de los gobiernos previos preocupa a las economías que han sido tradicionalmente algunos de los mayores inversores en México.

La oposición se encuentra en una fase de alta movilización, caracterizada por la dispersión organizativa y la falta de unidad política. Los sectores populares han permanecido, en gran medida, sometidos a la lógica clientelar de los programas sociales. A su vez, las élites empresariales han acentuado su beligerancia.

Hay una movilización de protesta, pero no han emergido iniciativas para salir de la crisis. No existe en la oposición un liderazgo capaz de unificar la diversidad de opciones políticas existentes. Este vacío político favorece un escenario en el cual nada cambie, saboteando al gobierno federal y esperando que Morena y López Obrador se desgasten en su día a día, en un contexto de  abierta ofensiva económica, política y de creciente violencia.