Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3  

CDMX, 18 de agosto, 2020.- La publicación del libro Los hijos de Sánchez de la editorial Fondo de Cultura Económica, en diciembre de 1964, precipitó un rompimiento en la cultura mexicana. El texto del antropólogo estadounidense Oscar Lewis fue percibido como una afrenta a la dignidad de México.  

El libro Los hijos de Sánchez analiza la vida de una familia pobre. Sus testimonios, son interpretados como signos de exclusión en una sociedad desigual y controlada por una política autoritaria.  

La reacción a la obra de Lewis llegó en febrero de 1965, cuando Luís Cataño Marlet, quien era un abogado cercano al régimen, encabezó el ataque contra el autor y el editor, en una conferencia a la que asistió el presidente de la República Gustavo Díaz Ordaz.  

Fue el inicio de un escándalo que provocó la dimisión de quien autorizó la impresión del libro el argentino Arnaldo Orfila Reynal, quien fue considerado por los intelectuales del PRI, como un “extranjero comunista”.  

El “caso Orfila”, inicia en abril de 1961, cuando apareció Escucha yanqui, del sociólogo Charles Wright Mills. La aparición de Los hijos de Sánchez fue la gota que colmó el vaso. La fuerza empleada contra Orfila respondió a una embestida contra el extranjero que, al mando de una empresa apoyada por el Estado, promovía libros críticos para los usos de la época. “Escucha yanqui” fue un texto editado en los Estados Unidos en 1960 y un año después en México.  

¿Por qué una edición con cuatro años de antigüedad se sumaría a los embates contra el director del Fondo?  

“Escucha yanqui” tuvo un impresionante éxito de ventas: la primera edición, lanzada en abril de 1961, se agotó en un mes y la tercera edición de agosto del mismo año se realizó con una tirada de 70 mil ejemplares algo inusual hasta nuestros días. La edición de otro libro de Wright Mills: “La imaginación sociológica” también fue un éxito comercial y tuvo una buena recepción en los círculos académicos de aquellos años.  

El 7 de noviembre de 1965, Orfila fue llamado por Jesús Rodríguez y Rodríguez, quien era el subsecretario de Hacienda y su jefe. En calidad de “miembro propietario” de la Junta de Gobierno de la editorial, allí le solicitó el cargo, aparentemente por su condición de extranjero. Al día siguiente Rodríguez y Rodríguez llegó a al Fondo acompañado por Salvador Azuela, el nuevo director. La actitud de Orfila fue de aplomo y mesura: agradeció a los funcionarios y empleados, su apoyo y recorrió las instalaciones con Azuela y planearon los plazos de su alejamiento, lo que incluía otra bajeza: el abandono en 24 horas del departamento que ocupaba con su mujer en el predio de la editorial.  

Al interior de la empresa, el cambio de mando produjo un generalizado sentimiento de indignación. Salvador Azuela y Díaz Ordaz se conocían desde los años 40. Ese vínculo habría continuado en los años 50, cuando Díaz Ordaz era secretario de Gobernación y Azuela director del Instituto Nacional de Estudios sobre la Revolución Mexicana, del que fue fundador y en donde realizó algunas tareas editoriales.  

Con la llegada de Azuela en octubre de 1966 renunciaron a la Junta de Gobierno los miembros fundadores que quedaban: Gonzalo Robles, Eduardo Villaseñor y Emigdio Martínez Adame. En diciembre de 1967 se modificó el estatuto del fideicomiso para posibilitar el control directo de la editorial por parte de la Secretaría de Hacienda a través de un Comité Técnico integrado por Jesús Rodríguez y Rodríguez, Salvador Azuela, Francisco Monteverde y Víctor Urquidi.  

En 1970 llegó al poder Luís Echeverría Álvarez y el secretario de Hacienda Hugo Margain designó a Antonio Carrillo Flores al frente de la editorial. Se buscó reparar el daño hecho por Díaz Ordaz y rescatar el proyecto original por los que se restituyó la Junta de Gobierno.