Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3  

 CDMX, 29 de septiembre, 2020.-José López Portillo, en sus memorias tituladas: Mis tiempos, escribe sobre sus últimos días como presidente lo siguiente: “desde los últimos meses de mi mandato, los banqueros expropiados se organizaron para dar la batalla y rescatar su privilegio; crearon el «Fondo del Desprestigio».  

Lo primero era el argumento contra el hombre, para desprestigiar la medida y derrumbar en el lodo, en el descrédito, al autor de sus males”. En esas memorias, López Portillo, elude su responsabilidad y se escuda en un “fondo de desprestigio” contra su persona, pero nunca acepta su errores o parte de ellos en lo que corresponde al hundimiento y la bancarrota del país en 1982.  

En su estilo personal de gobernar estuvo presente la frivolidad, la corrupción, y el desprecio a la realidad. Llegó al poder en 1976 con el lema “La solución somos todos”, la frase fue repetida como “La corrupción somos todos”, para referir los excesos y las malversaciones de su gobierno.  

No toleró la crítica ni las revelaciones de las ilegalidades que cometió.  El último año de su gobierno, se distinguió también por la negación de una realidad que ya en los años ochenta laceraba la vida del país. Para López Portillo, nunca existieron los cientos de desaparecidos de las décadas de los años sesenta y setenta. Ofreció a una comisión de familiares de desaparecidos encabezada por Rosario Ibarra de Piedra, una “búsqueda honesta, profunda, de la verdad acerca de sus hijos” antes de que terminara su mandato, promesa que nunca se cumplió.  

El 31 de agosto de 1982, Rosario Ibarra de Piedra, en ese momento presidenta del Frente Nacional Contra la Represión, así como el ex desaparecido y expreso político Antonio Hernández se entrevistaron con el presidente, por intermedio del entonces subsecretario de Gobernación, Fernando Gutiérrez Barrios. Quien era en aquel momento presidente les expresó que durante su gestión “no le había llegado ningún expediente de esa naturaleza”, y repitió la versión de su procurador Oscar Flores Sánchez, de que los 500 desaparecidos “andaban huyendo” o se mataron entre sí”.  

En los últimos días de su sexenio, tomó la decisión más controvertida de su sexenio, la nacionalización de la banca y el control de cambios, ante el endeudamiento exterior y el saqueo de las reservas por cerca de 50 mil millones de dólares. El último mensaje importante de su gobierno estuvo aderezado por lágrimas, gritos, voz entrecortada y manotazos en la tribuna de la Cámara de Diputados, la demagogia estuvo presente hasta al final al anunciar los decretos: “Es ahora o nunca Ya nos saquearon, México no se ha acabado ¡No nos volverán a saquear!”  

Para López Portillo, “con la nacionalización de la banca no sólo se estaba “eliminando un intermediario, sino un instrumento que ha probado más que suficiente su falta de solidaridad con los intereses del país y del aparato productivo”.  

En la debacle de repente se dio cuenta según narra en sus memorias que “la banca privada mexicana había propiciado la especulación y la fuga de capitales; y que el país ya no podía admitir que salieran dólares para pagar inmuebles adquiridos en el extranjero”. Culpó a sus enemigos de sus yerros, pero nunca admitió que su gobierno fue modelo de despilfarro y corrupción.