Pablo Cabañas/Noticias y Debate M3  

CDMX, 13 de agosto, 2020.- El 23 de mayo de 1962 ocurrió uno de los acontecimientos que define lo que fue el presidencialismo priista del siglo XX:  la ejecución de Rubén Jaramillo, su esposa Epifanía Zúñiga Pifa quien estaba en avanzado estado de embarazo y de sus hijos Enrique, Filemón y Ricardo.  

Los hechos acontecidos en la población de Xochicalco, Morelos en lo fundamental, están aclarados. Eran las dos de la tarde, cuando se presentaron frente al domicilio de Jaramillo alrededor de 60 personas que se introdujeron a su casa y con violencia obligaron a salir a Rubén, su esposa e hijos quienes fueron secuestrados, al mismo tiempo que sustraían documentos agrarios en poder del jefe campesino.  

Dos horas más tarde, cerca de las ruinas arqueológicas de Xochicalco, los miembros de la familia Jaramillo fueron acribillados y rematados en la cabeza con el tiro de gracia. Hoy día, está establecido que la Operación Xochicalco fue ejecutada por órdenes del presidente Adolfo López Mateos.  

Fue el periodista Zósimo Camacho, quien por medio de la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental—descubrió los expedientes de la muerte de Jaramillo. Con documentos de la Dirección Federal de Seguridad en poder de la Galería 1 del Archivo General de la Nación, se citan las palabras del teniente coronel Héctor Hernández Tello, subjefe de la Policía Judicial Federal quien sostenía que en la ejecución de Jaramillo: “solamente se habrían cumplido órdenes del señor presidente de la República”. Además, según el capitán Gustavo Ortega Rojas, entonces jefe del Servicio de Seguridad Pública de Morelos, en declaraciones recogidas en una tarjeta informativa de la Federal de Seguridad, señala que “los responsables realizaron el hecho acatando órdenes superiores”.   

Poco después de ser conocido el crimen, la Procuraduría General de la República, en un comunicado menciona que Rubén Jaramillo era, de hecho, un delincuente común y que “se dedicaba a cometer atracos a los vacacionistas, a quienes atacaba en las carreteras cercanas a Tetecala, Mazatepec y Cacahuamilpa”.  

Los grandes periódicos nacionales –como ya había ocurrido en 1961 iniciaron una amplia campaña de calumnias y denuestos en contra del líder campesino. El día de la ejecución la familia Jaramillo no fue la única víctima: “Severiano Analco, vigilante de las ruinas de Xochicalco, observó cerca de las 18.00 horas la llegada de dos carros negros y un jeep a ese lugar y que cuando se dirigió a los visitantes para ver qué se les ofrecía, un elemento en mangas de camisa lo encañonó con una ametralladora ordenándole que se retirara del sitio. Severiano y su hijo Andrés no fueron localizados nunca más.