Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3

CDMX, 30 de mayo, 2019.- El escritor Olivier Guez en su libro: La desaparición de Josef Mengele advierte, “¿Cómo un hombre, hijo de buena familia, que hizo dos doctorados, en Antropología y Medicina, al que le gustaba la música y la literatura clásica, pudo enviar a 400 mil personas a las cámaras de gas en la rampa de selección de Auschwitz mientras tarareaba ópera y cortar luego a niños en pedacitos?”,

Esa pregunta  se hizo presente cuando en  la conferencia de prensa matutina del pasado 28 de mayo, el  presidente Andrés Manuel López Obrador, tuvo conocimiento de cirugías experimentales que se practicaron en pacientes con hidrocefalia, a quienes se les implantó un tubo, por lo que ahora no pueden acostarse.

El responsable de esos criminales experimentos es Julio Everardo Sotelo Morales quien en 1993, patentó, a título personal, un tubo que denominó “sistema de derivación ventrículo peritoneal de flujo continuo”. Está fabricado con un material llamado Tygon y supuestamente corrige la hidrocefalia.

Nunca había sido usado de manera permanente en el interior del cerebro humano. Este sistema, al no emplear una válvula, depende para su funcionamiento de la “gradiente de presiones”, es decir, el paciente debe permanecer sentado o de pie para que funcione. En una persona acostada, por el contrario, su uso incrementa la presión intracraneal.

Durante 13 años, se realizaron procedimientos quirúrgicos de tipo experimental sin cumplir con los protocolos de una investigación científica; entre otros, contar con autorización de los comités de investigación y bioética, así como el consentimiento informado de los pacientes una versión mexicana de lo hecho por Mengele en la Segunda Guerra Mundial.

Al menos fueron   500 pacientes a los que se les implantó un dispositivo denominado Sistema de Derivación Ventrículo Peritoneal de Flujo Continuo, patentado por Sotelo Morales, investigador y ex director del INNN. Dicho dispositivo tenía la finalidad de controlar el padecimiento de hidrocefalia (acumulación de líquido céfalorraquideo en el cerebro).

El problema fue que el sistema de derivación de Sotelo carecía de seguridad y eficacia para garantizar el éxito del tratamiento y se utilizó sin cumplir con los requisitos de un protocolo de investigación.  Existe información de que recién nacidos a los que también se les colocó el aparato, y se utilizó en otros hospitales del país. Sotelo tendrá que responder por estos hechos.