Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3

CDMX, 16 de abril, 2020.- En la segunda década del siglo XXI, nos encaminamos a una “crisis civilizatoria”. El último informe de la Oxford Committee for Famine Relief (Comité de Oxford para el alivio de la hambruna), titulado “El precio de la dignidad”, señala que alrededor de 500 millones de personas podrían verse empujadas a la pobreza como resultado de las consecuencias económicas de la pandemia de coronavirus a menos que los países más ricos tomen “medidas urgentes” para ayudar a las naciones en desarrollo.

“Esto podría constituir una disminución global de diez años en la lucha contra la pobreza y una disminución de 30 años en ciertas regiones, como en África subsahariana, Medio Oriente o África del Norte”.

La situación por la que pasa el mundo no debe pensarse como una simple recesión económica propia de las dinámicas cíclicas del modo de producción capitalista. Tampoco debe asumirse como una crisis financiera más. La crisis actual debe concebirse, en sí misma, como una confluencia de múltiples crisis, que conmocionan todos los aspectos de la vida social, ponen en entredicho los esquemas de intervención tradicionales y afectan la capacidad de respuesta de los estados nacionales.

Esa confluencia de crisis o, si se quiere, esta crisis multidimensional se manifiesta en diversos ámbitos, como el económico, energético, ambiental, climático, alimentario, y, claro está, el que ahora es más importante el de la salud.

Los más ricos del planeta, el 1% de la población, tiene tanta o más riqueza que el 99% restante; la diferencia de riqueza entre los países del Norte y los países del Sur se ha incrementado en el último siglo y hoy se calcula en un 75 %; una de cada 7 personas en el mundo pasa hambre; casi 200 millones de niños menores de 5 años padecen desnutrición crónica en el llamado “mundo en desarrollo”.  

Seremos testigos del agotamiento de los recursos naturales sobreexplotados; de la tierra se degrada, y de la contaminación del aire, así como de la “crisis hídrica” y de la pérdida de la biodiversidad en los diversos ecosistemas este escenario es escalofriante.