Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3  

CDMX, 9 de marzo, 2021.-Silvio Zavala Vallado (1909-2014) estudió en las universidades del Sureste y Nacional de México, y se doctoró en derecho en la Universidad Central de Madrid (1931).  

Fue becario de las fundaciones Guggenheim y Rockefeller.  

Sus 105 años de vida fueron un ejemplo de trabajo, disciplina y responsabilidad. Trabajó como profesor universitario, y colaborador de la Sección Hispanoamericana del Centro de Estudios Históricos de Madrid (1933-1936), secretario del Museo Nacional (1937-1938), fundador y director de la Revista de Historia de América (1938-1965), director de la Biblioteca Histórica Mexicana de Obras Inéditas, fundador y director del Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México (1940-56).  

También se desempeñó como director del Museo Nacional de Historia (1946-1954), presidente de la Comisión de Historia del Instituto Panamericano de Geografía e Historia (1947-1965), miembro de la Junta de Gobierno de la UNAM (1949-1956), delegado permanente ante la UNESCO (1956-1963), presidente de El Colegio de México (1963-1966), presidente del Consejo Internacional de Filosofía y Ciencias Humanas (París, 1965-1971) y embajador en Francia (1966-1975).  

Fue uno de los historiadores mexicanos más importantes y de obra más impresionante del siglo XX. Desde 1946 ocupó el sillón número 2 de la Academia Mexicana de la Historia. Es imposible dar una breve idea de su inmensa obra y sus aportes como historiador, editor de documentos, maestro, director de instituciones académicas y diplomático.  

Zavala destacó por sus aportaciones para comprender el descubrimiento, la conquista y la colonización de América. Su primer libro, presentado en 1933 como tesis de doctorado en Derecho, en la Universidad Central de Madrid, fue un estudio histórico y jurídico sobre Los intereses particulares en la conquista de la Nueva España.  

Estableció un cambio respecto a la noción prevaleciente de que la colonización de América avanzó con sucesivas decisiones, reales cédulas, de la Corona omnipotente. Desde este su primer estudio, Zavala mostró que la conquista se hizo no solo por la voluntad de los reyes, encarnaciones mágicas y divinas de la nación, sino también por el actuar libre de personas, en un marco jurídico, económico, político y religioso de interacción.  

La perspectiva de la historia del derecho quedó igualmente invertida. Las órdenes del rey o del virrey se vieron ya no como emanaciones del poder, sino como las respuestas de las autoridades a procesos que resultan de la interacción de acciones movidas por intereses particulares. Las leyes no determinan los hechos, sino que interactúan con ellos. Las acciones se entremezclan y producen una historia y muchas historias impredecibles que deben estudiarse en la especificidad de cada momento, lugar y situación.  

La interacción de los intereses particulares estaba regulada en España y sus dominios por una legislación elaborada y probada a lo largo de siglos. La ley española tenía antecedentes en la romana, una ley civil que regulaba la vida de personas libres, y se desarrolló en España durante la Reconquista, que fortaleció el poder de los pueblos.   

Por sus brillantes aportaciones al estudio del derecho y la historia fue galardonado con múltiples doctorados honoris causa por varias universidades de México y de otros países, recibió el Premio Nacional de Letras (1969), la Presea “Vasco de Quiroga” (1986), el Premio “Rafael Heliodoro Valle” (1988); la Medalla “Eligio Ancona” y el Premio Príncipe de Asturias.  

Sus amplios y completos estudios del periodo colonial le permitieron establecer las tesis más innovadoras y sugerentes del momento, sobre el proceso de la conquista española, que dieron lugar a varios debates en donde destacó la presencia de dos culturas: los europeos y los indígenas, con la supuesta superioridad de los primeros y marcada inferioridad de los segundos, en todos los ámbitos y en toda la extensión de la palabra.  

En 1979, a la edad de 70 años, impartió sus últimas cátedras magistrales. Ninguno de los historiadores de El Colegio de México ha superado en cantidad y calidad las obras de este maestro pues además de haber escrito una obra voluminosa organizó archivos y bibliotecas.  

El método riguroso que logró imponer en la investigación histórica y la entrega de tiempo completo al oficio de historiar fueron la excepción entre los historiadores mexicanos del siglo XX. Fue un maestro que tuvo una auténtica y profunda vocación de servicio.