Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3  

CDMX, 29 de junio, 2021.-Manuel Toussaint y Ritter (1890- 1955) estudió en la Normal para Maestros y en la Escuela de Altos Estudios. Fue secretario particular de José Vasconcelos cuando éste era rector de la Universidad Nacional, y pasó con él a la Secretaría de Educación Pública (1920)  

También se desempeñó como director de la Escuela Nacional de Bellas Artes (1928-1929) y director del Instituto de Investigaciones Estéticas (1939-1955). En 1914 inició su carrera magisterial en la Escuela Nacional Preparatoria en la cátedra de literatura española.  

Enseñó “Historia de la cultura en México” en la Facultad de Filosofía y Letras (1934), donde fundó la cátedra de “Historia del Arte colonial” (1936), que también impartió en la Escuela Nacional de Antropología y en El Colegio de México.  

Su obra toca diversos aspectos de la cultura: poesía, crítica literaria, historia del arte en México y crítica de arte. Algunos de sus últimos trabajos son los siguientes: La pintura en México durante el siglo XVI (1936), Paseos coloniales (1939), Pátzcuaro (1940), La catedral de México y el sagrario metropolitano. Su historia, su tesoro, su arte (1948); Arte Colonial en México (1948); Acolman (1948); La catedral y las iglesias de Puebla (1954), y “El arte en la Nueva España”, en México y la cultura (1946).  

Fue miembro de la Academia Mexicana de la Historia, de la Société des Américanistes de Paris, de la Academia de Ciencias “Antonio Alzate”, del Centro de Estudios Históricos “Genaro Estrada”, de la Sociedad Mexicana de Historia, socio honorario de la Sociedad de Bellas Artes, de Lima, Perú, y socio correspondiente de la Academia Nacional de Historia, de Buenos Aires, Argentina.  

Junto con Alberto Vázquez del Mercado y Antonio Castro Leal realizó la primera antología importante del siglo XX, Las cien mejores poesías líricas mexicanas, con la que Porrúa inició sus actividades; fundó el Laboratorio de Arte de la Universidad de México (1935), que después se convertiría en el Instituto de Investigaciones Estéticas de la misma universidad.  

Su libro La Catedral de México (1948) fue, a decir de José Luis Martínez, en su memoria titulada Bibliofiial, “el libro más hermoso que se haya publicado en México”. También uno de los más costosos, según consignaba Salvador Novo en su obra: La vida en México en el período presidencial de Manuel Ávila Camacho, en su apunte del 7 de septiembre de 1944: “La monografía sobre la Catedral, preparada por Manuel Toussaint, se haya ya en prensa para una edición limitada a mil ejemplares, ya todos suscritos, al precio de mil quinientos pesos cada uno, lo que dejará una utilidad de un millón de pesos, deducido un costo de medio millón por la edición”.  

La iniciativa del libro fue de José Luisce, que supo captar la idea formado para realizar un libro completo acerca de la Catedral. Diversas circunstancias impidieron la realización de la obra, a pesar del ambiente que atendió la iniciativa hasta que, la Comisión Diocesana de Orden y Decoro reconoció como suya la idea y procuró los medios necesarios para llevarla a cabo como algo muy noble y necesario.  

El extraordinario archivo del Instituto de Investigaciones Estéticas  es la herencia de Toussaint al patrimonio artístico de México.  Sobre este archivo contaba la doctora Elisa Vargaslugo quien falleció en agosto de 2020, que frecuentemente salía con él a hacer el registro fotográfico de sus objetos de estudio, con lo que se aumentó la colección, principalmente de diapositivas.  

En el siglo XXI, el archivo ha incrementado su acervo con el material recopilado por investigadores, así como de trabajos sobresalientes de fotógrafos externos, que registraron el patrimonio artístico y cultural del país. Los materiales fotográficos son herramientas de estudio de la obra de arte dada la diversidad de temas que contiene.  

 En 1953, la UNAM, le otorgó a Toussaint el doctorado honoris causa y, un año después, fue nombrado miembro de la Academia Mexicana de la Lengua (1954-1955).  Murió en 1955 y sigue siendo recordado por sus trabajos sobre lo que en su tiempo se llamó: el “arte colonial mexicano”.