Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate  

CDMX, 24 de agosto, 2021.- Manuel Enríquez Salazar (1926-1994) fue un músico polifacético: compositor –formado en México, Estados Unidos y Europa-, violinista, maestro, organizador y gran promotor de la música contemporánea.  

Fue fundador y, hasta su muerte, director del Foro Internacional de Música Nueva, evento que anualmente se celebra en la Ciudad de México y que ha sido y es vehículo fundamental para la creación y difusión de la música contemporánea.  

Inició el aprendizaje del violín con su padre en Ocotlán y luego en Guadalajara, en la academia de Áurea Corona, con Ignacio Carmona. Muy joven fue nombrado concertino de la Orquesta Sinfónica de Guadalajara, entonces dirigida por Abel Eisenberg.  

Obtuvo del gobierno de los Estados Unidos para trabajar entre 1955 y 1957 en la Juilliard School of Music de Nueva York. Allí estudió violín con Ivan Galamian y Louis Persinger, música de cámara con WilIiam Primrose y composición con Peter Mennin.  

Fuera de la Juilliard, estudió composición en forma privada con el emigrado alemán Stefan Wolpe, quien lo inició en las técnicas seriales. De regreso en México, cofundó el Cuarteto México, fue integrante de la Orquesta Sinfónica Nacional, e inició su docencia de la composición, que llevaría a cabo en varios de los institutos superiores de música de la capital en donde sería director del Conservatorio Nacional de Música.  

En 1971 una beca Guggeheim le permitió estudiar técnicas electroacústicas de composición en el Columbia-Princeton Electronic Music Center de la Columbia University, nuevamente en Nueva York. En 1975 amplió esta formación en el Centre Internationale de Recherches Musicales de París, que dirigía Jean-Étienne Marie, compositor y teórico que tuvo una particularmente intensa relación con la vida musical mexicana. Residió en esa ciudad durante tres años como comisionado de su gobierno para difundir en Europa la música mexicana.  

En 1982, fue durante tres meses compositor invitado del programa de artistas en residencia de Berlín Occidental. En 1960 había fundado, junto con Francisco Savin, Joaquín Gutiérrez Heras, Raúl Cosío, Rocío Sanz, Leonardo Velázquez, Guillermo Noriega y Rafael Elizondo, el Grupo Nueva Música de México, y en 1969, junto a Mario Lavista,]osé Luis González y Héctor Quintanar, la Sociedad Mexicana de Música Contemporánea, que no obstante la intención claramente manifestada en su nombre nunca llegaría a concretar su afiliación formal a la Sociedad Internacional de Música Contemporánea.  

En 1990, sumando su cargo de director de Música del Instituto Nacional de Bellas Artes al de directivo de la Sociedad Mexicana de Compositores, organizó el Primer Encuentro Latinoamericano de Música, efectuado durante dos semanas en las ciudades de Morelia y México. Entrevistado por María Ángeles González en 1982, Enríquez menciona:  

“El creador es un constante experimentador y nunca va a estar quieto realmente sin buscar y encontrar la evolución de su lenguaje con nuevas ideas y recursos”.  

A González le explica que su mayor preocupación es “expresar de una manera clara mis ideas y mi credo estético”. Su obra creativa constituye un vigoroso intento de establecer caminos nuevos en una generación de transición de difícil ubicación en un difícil contexto histórico, geográfico y cultural.  

Un intento valiente de decirse y desdecirse, de asimilar lo de fuera de fronteras, de dialogar con lo de dentro de ellas, de discrepar, de arriesgar, de no descuidar lo expresivo a pesar del peligro de caer en lo banal, de producir sin tregua a pesar del peligro de caer en lo “raro”.  

Un intento valiente de ser buen compositor sin dejar de ser buen violinista y logrando al mismo tiempo, también ser un organizador de eventos musicales. Recomendamos sus obras: Misa prehispánica para sonidos electrónicos, Sí libet para orquesta, una Rapsodia latinoamericana para orquesta y Tlachtli para siete instrumentos.