Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3  

CDMX, 2 de septiembre, 2021.-José Pablo Moncayo García (1912–1958) fue un destacado músico que a los 17 años ingresó al Conservatorio Nacional de Música y para sostener sus estudios y ayudar con los gastos de su familia se inició en el mundo laboral como pianista tocando en orquestas de jazz y estaciones de radio.  

En 1931 se le presentó la oportunidad de incorporarse a la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de México, donde se desempeñó como pianista y percusionista. A partir de 1936 asumió en cinco ocasiones su dirección y fungió además como su subdirector y director artístico.   

En 1931 el maestro Chávez instituyó la clase de creación musical a la que se inscribió Moncayo y donde conoció a los maestros Daniel Ayala, Salvador Contreras y Blas Galindo con quienes formó el Grupo de los Cuatro, nombre con el que la agrupación fuera bautizada por la prensa, y cuyo objetivo primordial era el de promover las nuevas obras de sus integrantes.  

Es en este contexto en el que se compuso, el Huapango, que es sin duda la obra musical más notoria de Moncayo. Para esta espléndida, brillante, siempre luminosa obra orquestal, Moncayo elaboró y transformó los temas de tres huapangos alvaradeños, que fueron documentados por el musicólogo Otto Mayer Serra: El Siquisirí, El Balajú y El Gavilancito.  

Ante la imposibilidad de escuchar estos sones en sus versiones originales, uno puede darse cuenta de que Moncayo hizo mucho más que citar textualmente los huapangos. De hecho, su trabajo de elaboración es muy rico y variado, y el detalle más claro de su apego a la forma original del son jarocho está presente en la sección final de la obra.   

Una audición atenta del Huapango nos permitirá descubrir que el compositor logró, con particular elegancia y efectividad, transportar a la orquesta algunos de los sonidos del conjunto instrumental típico del huapango. El Huapango, se estrenó el 15 de agosto de 1941, con la Orquesta Sinfónica de México dirigida por Carlos Chávez. Pocos son los que saben, por cierto, que diez años antes, en 1931, el compositor mexicano José Pomar  (1880-1961) escribió su propio Huapango para orquesta, obra por demás muy interesante.   

La partitura mexicana más tocada en el mundo es el Huapango de Moncayo, que se estrenó el 15 de agosto de 1941 con la Orquesta Sinfónica de México y bajo la dirección de Carlos Chávez. El propio Moncayo le contó al finado crítico José Antonio Alcaraz como a finales de los años 30, Carlos Chávez lo envió junto con Blas Galindo a Veracruz para una exploración sobre la música popular de la región:  

 “Galindo y yo fuimos a Alvarado, uno de los lugares donde la música folclórica es preservada en su más pura esencia. Recolectamos y grabamos melodías, ritmos e instrumentaciones durante varios días. La transcripción fue muy difícil porque los huapangueros nunca tocan ni cantan dos veces igual la misma melodía. Cuando regresamos a México le mostré todo el material a Candelario Huízar, quien me dio un consejo que siempre le agradeceré: ‘Primero escucha el material tal cual como lo oíste y después desarróllalo de acuerdo a tu propio sentimiento’, me dijo. Así lo hice, y resultó una obra muy satisfactoria para mí”.   

–¿Maestro, qué opina que el Huapango haya eclipsado el resto de su obra?, le preguntaron sus alumnos del Conservatorio Nacional y Moncayo les respondió: “Es una pena que el Huapango haya atraído toda la atención del público y que el resto de mi obra no sea tan conocida y ni programada por las orquestas”. Y les remató: “Pero qué bien me quedó, ¿a poco no?”. Moncayo sigue siendo más que su Huapango.   

Moncayo dejó un legado musical amplio, con obras para piano, canto y piano, dúos instrumentales, tríos, quintetos, sextetos, orquesta de cámara y sinfónica, vocal, suite de ballet, ópera y música para cine. Existen dos piezas que se consideran inéditas: la obra coral La canción del mar (1948), que constituye uno de los escasos ejemplos de música vocal del compositor, y Cuento de la potranca (1954), creada para el filme Raíces.  

Moncayo murió el 16 de junio de 1958 en la Ciudad de México, con lo cual se dio por terminado el periodo musical conocido como nacionalismo mexicano. La partitura para ballet Tierra (1956) se estrenó en septiembre de 1958, pero su representación coreográfica se llevó a cabo hasta 2012, año del centenario de su nacimiento.