Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3

Morelia, Mich., 8 de julio, 2021-Ian Graham (1923-2017) realizó sus estudios superiores en la Universidad de Cambridge y en el Trinity College de Dublín, graduándose en Física. Los años de la Segunda Guerra Mundial interrumpieron sus estudios universitarios, pues entre 1942 y 1947 hizo su servicio en la Reserva de Voluntarios de la Armada Real, ayudando a desarrollar y probar nuevos tipos de equipo de radar.

Según David Stuart, quien fue asistente y nuestra fuente para documentar la vida Graham, fue en la Ciudad de México, en donde escuchó hablar sobre la existencia de los mayas y sobre las maravillas de Yaxchilán, ubicadas en lo que entonces eran las partes más recónditas de Chiapas.

Pensó que los mayas serían un magnífico tema para un nuevo libro de fotografía y mientras investigaba sobre el tema, tanto en México como en Londres, escuchó hablar de Alfred Maudslay (1850-1931), quien uno de los primeros europeos en estudiar en profundidad los yacimientos arqueológicos mayas precolombinos en Guatemala y México y realizó una importante obra de fotografía y registro de la cultura maya.

En 1958, en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, tuvo ocasión de conocer al mayista Frans Blom, quien lo inspiró a continuar con sus aventuras. En el curso de los siguientes meses, atravesó toda la región maya: Chiapas, Yucatán, Belice, Honduras, entrando luego al norte de Guatemala.

Pronto, se halló en un lugar llamado Aguateca, del que estaba seguro con razón que ningún arqueólogo tenía conocimiento. Cuando llegó a ese sitio tenía 35 años, fue ese un parteaguas en el que el propósito de su vida se le reveló súbitamente con gran claridad. Los primeros esfuerzos que llevó en la documentación de los sitios arqueológicos fueron patrocinados en parte por el Instituto de Investigaciones de América Media de la Universidad de Tulane, y se publicó en 1967, en su: Archaeological Explorations in El Peten, Guatemala”, la obra se convirtió inmediatamente en un clásico.

Tiempo después se registraron nuevos hallazgos en sitios cuya existencia conocían muy pocos arqueólogos del área maya. Entre esos sitios se contaban; Dos Pilas, Machaquilá, Kinal, Nakbé y El Mirador. Este último sitio es en la actualidad uno de los más importantes de la antigua Mesoamérica: se trata de una gran ciudad del período preclásico que aún guarda muchos secretos sobre los orígenes de la civilización maya en las tierras bajas.

En 1962, ya sostenía correspondencia con regularidad con varios personajes importantes en el mundo de la investigación maya, incluyendo a los especialistas de mayor importancia como lo eran Eric S. Thompson y Tatiana Proskouriakoff. Mientras se hallaba en campo en la región del Petexbatún, tuvo ocasión de establecer un contacto estrecho con quienes trabajaban en un proyecto arqueológico de la Universidad de Harvard en los cercanos vestigios de Seibal, incluyendo a Gordon Willey y a A. Ledyard Smith.

Su gran energía y capacidad para el mapeo llamaron la atención de estos investigadores y le invitaron a participar en la excavación, dándole la tarea de hacer un reconocimiento de las extensas ruinas de Ceibal, muchas de las cuales aún se hallaban ocultas entre el denso follaje, en un terreno muy accidentado.

Estos primeros contactos con Harvard, el Museo Peabody y con Willey abonaron el terreno para el posterior desarrollo del programa llamado Corpus de Inscripciones Jeroglíficas Mayas (CMHI, por sus siglas en inglés) y su ambicioso plan de recopilar y publicar todas las inscripciones mayas.

La visión del proyecto del Corpus había surgido en 1966, en el curso de las pláticas entre la Universidad de Pennsylvania, y la Universidad de Tulane. Estas universidades exploraron la manera de financiar un proyecto común que sirviera para reunir el inventario de todos los sitios arqueológicos del Petén, utilizando para ello los registros preparados por arqueólogos anteriores, así como el trabajo de prospección que realizaban las compañías petroleras en la década de 1960, Shell y otras compañías estaban activamente explorando y llevando a cabo trabajos de prospección a lo largo y ancho de todo el norte de Guatemala.

El proyecto del Corpus fue un parteaguas y sus resultados fueron inmediatos. Graham, pasó muchos meses en campo, tanto en México como en Guatemala, y en 1975 produjo el primer fascículo sobre los monumentos de Naranjo. Pronto, le siguieron algunos volúmenes sobre Yaxchilán.

En su trabajo de campo realizaba tres tareas: fotografía, dibujos y mapeo, actividades todas ellas en las que era excelente. Sus contribuciones fundamentales y siguen vigentes. Graham, tras varios años de enfermedad le diagnosticaron la enfermedad de Alzheimer, y “entró al camino,” usando una expresión maya del período clásico para aludir a la muerte.

Había regresado a Inglaterra y estaba residiendo, en Chantry Farm y ya no era capaz de viajar y ni de realizar dibujos. Su retiro puso fin a casi cinco décadas de dedicación y trabajo que sacaron a la luz los registros de una civilización.