Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3  

Morelia, Mich., 15 de julio, 2021.- Francisco de la Maza y de la Cuadra (1913-1972), inició la carrera de derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México, que abandonaría pronto, y simultáneamente la de historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la misma Universidad.  

Su interés por el arte, especialmente por el mexicano de la época novohispana, hizo que se relacionara con Justino Fernández – que sería su amigo de toda la vida, y con Manuel Toussaint, entonces profesor en la Facultad en la cátedra de arte colonial y de quien sería el discípulo más cercano.  

De la Maza substituyó a Toussaint cuando éste se retiró, y sería titular de la cátedra hasta que la salud se lo impidió, en 1967, y en su lugar fue nombrado Jorge Alberto Manrique. Su tesis de maestría fue sobre San Miguel Allende, libro que prologaría el propio Toussaint .  

De Toussaint heredaría De la Maza las tres líneas fundamentales de su labor: la del estudioso, la del maestro, y la del defensor del patrimonio artístico e histórico. En la cátedra y en la conferencia fue excelente: con una magnífica voz, una envidiable capacidad de exposición y un sentido teatral de la exposición, pero sobre todo con una capacidad de comunicar sentimentalmente su pensamiento, atraía a quienes asistían a su clase; fue así una especie de caja de resonancia para transmitir el interés por el arte mexicano y, más aún, formó a varias generaciones que lo admiraron y se entregaron a seguir su tarea.  

De la Maza participó en el descubrimiento de “Los restos de Hernán Cortés” en 1946 y refirió en una crónica con este nombre, las circunstancias y pormenores de este hecho, y los antecedentes de los nueve entierros anteriores de los huesos del conquistador.   

De Toussaint aprendió que un historiador del arte debe preocuparse por la preservación de la materia que estudia y que, si la historia del arte tiene un sentido, es por su capacidad de preservar muchos los valores que en otros tiempos eran vigentes.  

Los libros y los estudios de De la Maza se sucedieron con una frecuencia impresionante, referentes a los más variados temas. Fue el primero en tocar ciertos temas, como el del art-nouveau en México, o el de lo cursi.   

Otros asuntos atrajeron su atención desbordada. Entre todos sus diversos amores, Sor Juana Inés de la Cruz tuvo un sitio especial, su libro sobre Sor Juana, entregado por1961 para su publicación al Instituto de Investigaciones Estéticas pero aparecido varios años después de su muerte cuenta con un estudio de Elías Trabulse que recoge los elogios, críticas, comentarios sobre la monja durante dos siglos.   

Fue profesor de la Facultad de Filosofía y Letras, en la Escuela de Cursos Temporales y de la Escuela de Antropología e Historia. Fue miembro de número de la Academia Mexicana de la Historia, fue correspondiente de la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, entre otras instituciones.  

Su obra, donde la historia del arte se relaciona siempre con el resto de los fenómenos históricos y culturales, sigue siendo una piedra de toque en esa disciplina. El arte colonial que hoy conservamos se debe, en parte, a su formidable tarea como defensor del patrimonio artístico.