Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3  

CDMX, 22 de marzo, 2021.-Enrique González Rojo Arthur (1928-2021) nació en una familia de tradición poética, tanto su abuelo, Enrique González Martínez, como su padre, Enrique González Rojo, destacaron en el panorama literario del país; el primero se opuso al movimiento modernista con unos versos que se volvieron célebres, “tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje”, y el segundo formó parte del llamado “grupo sin grupo”, los Contemporáneos. Su obra, es importante para comprender el pensamiento filosófico y literario del México del siglo XX.  

En 1959 se graduó en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México con una tesis titulada: “Anarquismo y materialismo histórico”. Obtuvo un doctorado en la misma disciplina, con un posgrado en lógica. Fue profesor de la Escuela Nacional Preparatoria, de la Facultad de Filosofía y Letras y de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y de la Universidad Autónoma Metropolitana, casa de estudios que en 2016 lo reconoció con un doctorado honoris causa.  

Autor de decenas de volúmenes de poesía, fue acreedor del Premio Xavier Villaurrutia en 1976 por El quíntuple balar de mis sentidos y el Premio Nacional de Poesía “Benemérito de América” (2002), en Oaxaca, por Viejos.  

En 1977 publicó su Teoría científica de la historia, texto que debió acompañar a los estudiantes de 4° semestre del Colegio de Ciencias y Humanidades en la asignatura “Teoría de la Historia” entonces vigente en la UNAM, institución en la que se desempeñó como docente por más de tres décadas.  

La visión que ofrecía de la historia y particularmente del marxismo, era novedosa y enriquecedora. A este período corresponde también su texto Hacia una teoría marxista del trabajo intelectual y el trabajo manual editada por Grijalbo, en la colección Teoría y Praxis que habría de estar dirigida por Adolfo Sánchez Vázquez.  

En el México de los años setenta, Para leer a Althusser también aparecido bajo el sello de editorial Diógenes, significó un punto de referencia original sobre las producciones teóricas y la proyección política de diversas agrupaciones de la izquierda en México. Formó parte de la Organización de Izquierda Revolucionaria-Línea de Masas (OIR-LM).  

Según las propuestas teóricas de Enrique González Rojo muy vinculadas a su labor militante en diversos núcleos comunistas, socialistas y populares del país, el vehículo para acceder a la revolución-articulada, es el partido.  

Pero no el partido “clásico” del pensamiento marxista que devino en la opresión y explotación en contra de los trabajadores manuales de sus formaciones económico-sociales, sino el “todo-continuo-masas-partido” donde la autonomía de las organizaciones de la sociedad, garantiza que las burocracias autoproclamadas “representantes” y “salvaguardas” de los intereses de los trabajadores manuales, no tengan posibilidad de que al sustantivarse, usufructúen en beneficio de su propia clase la destrucción del régimen de producción capitalista, como ocurrió en los países llamados socialistas.  

Hacia 1981, Enrique González Rojo editará La Revolución Proletario-Intelectual. Y el conjunto de su Obra Filosófico-Política se agrupará en seis volúmenes bajo el sello de editorial Domés (1986); algunas de cuyas temáticas sobre todo en el tomo II llamado: La naturaleza de los llamados países socialistas, ya habían sido previamente publicadas, como lo atestigua su libro Epistemología y socialismo.  

Si en el plano poético la producción de Enrique González Rojo se articula en torno al proyecto de deletrear el infinito, esta propuesta cobra sentido en su producción filosófica a través de la investigación científica relacionada con los problemas de la revolución social y su expresión particular en lo que él originalmente denomina Revolución Articulada, de 1986, que sin duda constituye su más penetrante aportación al humanismo del siglo XX mexicano.  

Su marxismo, es un atisbo constante a la problematización sobre la realidad desde el pensamiento complejo como nos lo demuestra su radical conclusión a la tesis de Althusser con relación a que «la filosofía es, en última instancia, lucha de clases en la teoría».  

En su juventud compartió inquietudes políticas y filosóficas con Eduardo Lizalde, Arturo González Cossío y Marco Antonio Montes de Oca, éste ya fallecido. Entre sus libros destaca El quíntuple balar de mis sentidos (Premio Xavier Villaurrutia en 1976) y Viejos, con el cual obtuvo el Premio Nacional de Poesía “Benemérito de América” (2002), en Oaxaca.  

Su aparición en este género fue con Luz y silencio, de 1947. Fue compañero de José Revueltas, que inmortalizó una anécdota suya en el poema “Discurso por los perros en el Parque Hundido”, donde reproduce a su manera la pieza oratoria del escritor duranguense con sentido político.