Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3

CDMX, 19 de julio, 2021.- Emilio García Riera (1931 -2002), fue un crítico de cine, guionista y profesor universitario. Cursó el bachillerato en el instituto Luis Vives —donde su madre daba clases— y al acabar entró a trabajar en el departamento de contabilidad de la fábrica de estufas Acros. Al mismo tiempo inició estudios universitarios en la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), pero no los llegó a terminar. Entre 1962 y 1968 se inició en la docencia como profesor de Historia del Cine Mundial en el Centro de Estudios Cinematográficos (CUEC) de la UNAM y a partir de 1974 acudió a esta Universidad como profesor invitado de Historia del Cine Mexicano en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales y coordinador de investigación en el Centro de Capacitación Cinematográfica, hasta que en 1985 fue acreditado como investigador nacional por la Secretaría de Educación Pública mexicana en 1991.

En 1978, culminó la primera versión de su monumental Historia documental del cine mexicano 1929-1976, sin duda el estudio más completo de la producción sonora mexicana jamás publicado. En 1986 se trasladó a la Universidad de Guadalajara, donde ese mismo año fundó, con el cineasta Jaime Humberto Hermosillo, la Muestra de Cine Mexicano que, a partir de entonces, se celebra cada año en la capital tapatía. Fue profesor de Historia del Cine Mexicano y dirigió hasta su muerte el Centro de Investigación y Estudios Cinematográficos (CIEC).

Adoptó la ciudadanía mexicana en 1991 pero sin renunciar a la nacionalidad española, pues como muchos refugiados republicanos mantuvo el recuerdo de la patria perdida a pesar de los pocos años que había vivido en ella. De hecho, nunca fue capaz de corregir del todo en su habla el característico ceceo del español peninsular. Aunque ya estaba plenamente dedicado a la investigación histórica, siguió ejerciendo la crítica de forma esporádica en Guadalajara, en los periódicos: Siglo 21 (1991- 1992) y Público (1997). Gracias a una beca de la Fundación Guggenheim (1983-1984), pudo llevar a cabo otro laborioso trabajo de recopilación, México visto por el cine extranjero, publicado por la Universidad de Guadalajara. Su última gran obra fue la reedición corregida y aumentada de la “Historia documental” (1997), que en la actualidad se ve continuada bajo la dirección de su discípulo Eduardo de la Vega Alfaro.

Murió a consecuencia de una grave insuficiencia respiratoria que lo tuvo recluido en su casa de Zapopán, aunque no dejó en ningún momento de escribir. Según testimonio compañera desde 1977, Cristina Martín Sarrat, sus últimas palabras fueron en catalán, aparentemente dirigidas a su madre. Entre sus abundantes galardones destacan el Premio Xavier Villaurrutia de Literatura en 1990 por su libro de recuerdos El cine es mejor que la vida, el Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez, en 1999 y el Ariel de Oro de la Academia Mexicana de las Artes y Ciencias Cinematográficas, en 2002. También obtuvo su reconocimiento de España, recibiendo el Premio Film-Historia de la Universidad de Barcelona en 1995 y la Encomienda de Isabel la Católica que le concedió en 1998.