Pablo Cabañas Díaz/noticias y Debate M3  

CDMX, 7 de abril.- Bolívar Echeverría (1941 – 2010), estudió filosofía en la Freie Universität de Berlín y en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Nació en la ciudad de Riobamba, en Ecuador. Su vida intelectual comenzó en 1959 con la Revolución cubana como un impulso importante.  

Echeverría, siendo estudiante de filosofía en Berlín Occidental en los años sesenta del siglo XX, redactó en esa época la introducción a la primera biografía en alemán del Che Guevara (1968); al mismo tiempo se involucró por primera vez en la discusión filosófica del marxismo no dogmático. De su amistad, contacto e intercambio epistolar con uno de los sujetos rebeldes centrales del 68 alemán, Rudi Dutschke, hay constancia en libros recientes sobre la época, así como en el archivo del Instituto de Investigaciones Sociales de Hamburgo (HIS).  

Stefan Gandler biógrafo de Echeverría explica que el profesor “no fue sólo un buen teórico porque finalmente tejió su propia vida en torno de las ideas que defendía. Un marxista no dogmático que apoyó con su extraordinaria capacidad reflexiva y formación teórica a diferentes movimientos políticos y sociales”.  

Echeverría, vivió en México por cuatro décadas, desde 1968 hasta el día de su muerte. Llegó junto a su esposa Ingrid Weikert y en 1976 nació su hijo Andrés. Durante los años 80 se casó con Raquel Serur, experta en literatura inglesa, y tuvieron dos hijos, Alberto y Carlos. Fue profesor en las facultades de Economía y Filosofía de la UNAM, las más importante del país.  

Heredó a la academia muchas herramientas conceptuales que permiten pensar a la realidad como dual, pensar a las cosas en su contradicción y ambigüedad. Dejó herramientas fundamentales para producir pensamiento crítico. Ejemplo concreto, el comportamiento que él llamó ethos barroco para “establecer relaciones sociales y colectivas en las cuales la lógica de la ganancia capitalista no sea el objetivo”  

En nuestro país hizo amistad con el filósofo Carlos Pereyra, interesado al igual que Bolívar en el marxismo. Con él siguió de cerca los avatares del movimiento estudiantil de ese año. A través suyo conoció a personalidades con las que estableció una estrecha amistad y un fecundo diálogo intelectual.  A finales de ese año, reprimido el movimiento y con muchos de sus dirigentes prófugos o encarcelados regresó a Berlín. El 68 fue no sólo un estado de ánimo, sino un estilo de vida.  

La izquierda socialista mexicana existente hasta 1968 era, en lo esencial, un conglomerado de fuerzas grupusculares, aislada de amplios sectores de la población, derrotada políticamente y, salvo excepciones notables, con grandes limitaciones teóricas y atada a los vaivenes de la política estatal. El movimiento del 68 comenzó a cambiar esta composición.  

Multitud de jóvenes se acercaron al marxismo, lo conocieron en la escuela, a través de iniciativas pedagógicas, como los Colegios de Ciencias y Humanidades. Los planes de estudios de muchas instituciones de educación superior se reformaron para estudiar marxismo.  

 La divulgación del materialismo histórico fue masiva. Bolívar Echeverría, hizo traducciones y reseñas de libros. En 1972 impartió en la Escuela Nacional de Antropología e Historia un curso de marxismo, que fue recordado por su alto nivel.  

En 1974 se recibió como filósofo con un trabajo acerca de las 12 Tesis sobre Feuerbach. En la Facultad de Economía se hizo cargo del seminario de El Capital. Rápidamente adquirió un enorme prestigio y se convirtió en un profesor de culto.  

En México, fue un profesor reconocido, pues se dedicó no solo a formar economistas sino a estimular la elaboración de una crítica desde el marxismo. En 1996, Bolívar Echeverría fue invitado por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional a ser su asesor en la mesa sobre Democracia y Justicia.  

Meses después participó en el Foro de la Reforma del Estado que los mismos zapatistas convocaron en San Cristóbal de las Casas, con una ponencia en la que reflexionaba sobre la política y lo político desde una perspectiva muy lejana a la izquierda tradicional, en muchos sentidos heredera del marxismo crítico de los años veinte del siglo pasado.  

Él explicaba la rebelión de Chiapas que se destapó en 1994, como parte de la no consumación de la conquista de los pueblos indígenas. Según el filósofo, el levantamiento puso en evidencia una situación histórica que es aún nuestro presente, en la que se vive un proceso tanto de conquista interrumpida como de mestizaje interrumpido.