Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3

CDMX, 6 de julio.- Antonio Roqueñí Ornelas, (1934-2006) fue uno de los sacerdotes más críticos de la Iglesia Católica mexicana, apoderado legal de la arquidiócesis de México, bajo la dirección del cardenal Ernesto Corripio Ahumada ¬con quien tuvo una cercanía muy estrecha¬ además de ser por 20 años juez del Tribunal Eclesiástico.

Siempre puso sus conocimientos de derecho canónico al servicio de las víctimas y perseguidos de la jerarquía eclesiástica, lo cual le creó fuertes enemistades al interior de la Iglesia. Su principal mérito fue su valentía para señalar los abusos no sólo de la jerarquía mexicana, sino también de la curia vaticana.

El sacerdote estudió primero derecho en la UNAM, en los años cincuenta, se doctoró en derecho en la Universidad de Navarra, España. El doctorado en derecho canónico lo estudió en Roma en la Universidad Pontificia de Santo Tomás. Roqueñí fue presidente del Tribunal Eclesiástico de la arquidiócesis de México cuando el cardenal Ernesto Corripio Ahumada estaba al frente de esa circunscripción eclesiástica En sus últimos días, Roqueñí asesoraba a congregaciones religiosas, así como al Montepío Luz Savignon.

Roqueñí, fue un sacerdote de un defensor de los derechos humanos, que incluso llegó a enfrentarse con Joseph Ratzinger, antes de que éste se convirtiera en el Papa Benedicto XVI, cuando todavía estaba a cargo de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe e intentaba sancionar a religiosos mexicanos por cuestiones doctrinales.

Fue crítico de la Iglesia, perteneciendo a ella. Siempre vivió al límite. Una de las últimas defensas canónicas fue la que hizo a las víctimas del padre Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo.

En los años 90, Roqueñí defendió al entonces obispo de San Cristóbal de las Casas, Samuel Ruiz García, quien tenía serias acusaciones en el Vaticano, por supuestos desvíos pastorales y teológicos.

Esas acusaciones contra Samuel Ruiz provenían del entonces Nuncio apostólico en México, Girolamo Prigione, quien a toda costa quería removerlo de San Cristóbal de las Casas, durante el conflicto chiapaneco. Fue el encargado de la primera visita que en 1979 realizó el papa Juan Pablo II a México. En un hecho poco conocido, el cuatro de junio de 1994, junto con el ex rector de la Universidad Iberoamericana, Enrique González Torres, pidió al nuncio Prigione, su renuncia por considerar que estaba interviniendo de manera indebida en el conflicto de Chiapas. El diplomático quería fuera del país al obispo de la diócesis de San Cristóbal de las Casas, Samuel Ruiz García.

Fue un sacerdote valiente que se enfrentó a la jerarquía católica. Empezó a morir cuando al llegar Norberto Rivera Carrera a la arquidiócesis de México, le quitaron el trabajo que más había gozado en su vida: ser juez del tribunal eclesiástico. José Barba, una de las víctimas de Maciel, elogió el impulso de Roqueñí, al señalar que “no cualquiera se hubiera enfrentado al poderío de Maciel”, ya que estuvo trabajando con Marta Wegan, canonista austriaca que representaba a los denunciantes del fundador de los Legionarios de Cristo.