Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3  

CDMX, 16 de julio, 2021.- Antonio Mediz Bolio (1884 -1957) fue un poeta, académico prosista, dramaturgo, periodista y ensayista. Hizo estudios en el Seminario Conciliar Universitario de Mérida y en el Colegio de San Ildefonso de la misma capital yucateca. Egresó de la carrera de abogado en el Instituto Literario del Estado en 1907.  

Durante el porfiriato ocupó cargos en el gobierno del Estado. Se incorporó al maderismo y en dos ocasiones fue diputado federal y una vez senador de la República. En tiempos de Victoriano Huerta tuvo que expatriarse a La Habana y a su retorno en 1917 fue nombrado director de “La Voz de la Revolución” por el gobernador Salvador Alvarado.  

De 1919 a 1932 prestó servicios como diplomático de México ante España, Colombia, Argentina, Suecia, Costa Rica y Nicaragua. Fue delegado de nuestro país al Congreso Bolivariano que tuvo lugar en Panamá en 1926. Como periodista colaboró desde muy joven en La Arcadia, El Monitor, La Revista de Mérida, Pimienta y Mostaza y El Salón Literario. Posteriormente lo hizo para el Diario del Sureste, El Imparcial y El Nacional.  

Trabajó para El Heraldo de Cuba y ocupó la dirección de El Heraldo de México en 1919, periódico fundado por Salvador Alvarado. En periódicos de la época de diversos países hispanoamericanos aparecieron escritos de su autoría. La información aquí citada sobre Mendiz Bolio fue tomada de la obra de Agustín Cueva, publicada en el Repertorio Americano: Cuadernos de Cultura Hispana, número 20 en el año de 1950.  

Impartió la cátedra de Lengua y Literatura Maya en la Facultad de Filosofía y Letras y en la Escuela de Verano de la UNAM. Escribió poesía, teatro, historia, prosa, ensayos, operetas y canciones. Se le reconoce como autor de Mi sueño, trabajo publicado en 1916 y considerado como el ideario de Salvador Alvarado.  

Destacan dentro de su producción poética Evocaciones (1903); En medio del camino (1919); La Casa del Pueblo del Mayab (1928); Mater admirabilis (1942); Las cuatro Colmayel, las madres de las flores (1946); Siete poemas (1950) y Mi tierra es mía (1953). La tierra del faisán y del venado, obra escrita en prosa poética y prologada por Alfonso Reyes le dio prestigio universal alcanzando numerosas ediciones.  

También, dentro de su inclinación hacia la cultura maya, publicó A la sombra de mi ceiba y El libro del Chilam Balam de Chumayel, versión del idioma maya al español. En su faceta de dramaturgo produjo Alma bohemia, La guerra, Las dos noblezas, Suerte perra, El verdugo, Vientos de montaña, Mirza, El sueño de Iturbide, La virgen loca, Vientos de pasión, Sinfonía helénica, La ola, El marquesito enamorado, La flecha del sol, El acatamiento de Don Quijote a doña Consuelo Mayendia, alta y vencedora princesa de la jácara y del donaire, que contiene el célebre poema Manelik; Danza maya, Soñando, La fuerza de los débiles, La tierra del faisán y del venado (ya se mencionó líneas arriba), El asesino, Siete danzas de Mayali y Cenizas que arden.  

Forman parte de su amplia bibliografía la Introducción al estudio de la lengua maya (1943), Interinfluencia en la lengua maya con el español de Yucatán y Siete ensayos mayistas. Dentro de la música yucateca compuso algunas de sus más famosas canciones: Caminante del Mayab, Yucalpetén y Campanitas de mi tierra, musicalizadas por Guty Cárdenas. Su capacidad como escritor lo llevó a redactar textos y argumentos cinematográficos para películas como Deseada, El amor de los amores y La noche de los mayas.  

En los Juegos Florales de Covadonga que tuvieron lugar en 1913 obtuvo la flor natural con el poema La Casa de Montejo. Desde 1946 se integró a la Academia Mexicana de la Lengua como miembro de número. Se le conocen los seudónimos de Radamés, Bergerac y Allan Moe Blein.  

En 1956 se le concedió el Doctorado Honoris Causa de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad del Sureste; dejó inconclusa una “Historia de las Revoluciones de Yucatán” y falleció en la Ciudad de México siendo senador de la república por Yucatán. Fue autor también de Palabras al viento y Crónicas de Cuba (1916).