Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3

CDMX, 3 de julio, 2021.- Alfonso Lacadena García-Gallo (1964-2018) estudió en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid, donde absorbió las enseñanzas de eminentes mayistas, como Miguel Rivera Dorado, Andrés Ciudad Ruiz y María Josefa Iglesias Ponce de León.

El primero de ellos lo reclutó en 1988, junto con otros jóvenes mayistas, para el Proyecto de la Misión Arqueológica de España en Oxkintok nombre que proviene del maya yucateco: ox, tres; kin, sol o día y tok, pedernal (1988-1992), lugar donde comenzó su trabajo como especialista.

A partir de esta experiencia comenzó a contactar a las autoridades en la materia, quienes lo orientaron en su etapa de estudiante, profesándole amistad y simpatía. Por lo que decidió asistir a los Maya Hieroglyphic Workshops de la Universidad de Texas, que presidía Linda Schele (1942-1998).

Es importante, mencionar, que su obra ha sido documentada por su alumno Erik Velásquez García, quien destaca que su profesor contribuyó a mejorar las reglas de composición de la escritura maya, al identificar en el año 2001, los métodos de abreviación. Lacadena, en pocos años, llegó a convertirse en el mejor traductor del mundo especializado en textos mayas, toda vez que, además de sus amplios conocimientos lingüísticos, era un asiduo lector de manuales de traducción.

Otro sistema de escritura donde trabajó desde que tenía 15 años de edad fue el náhuatl. Durante su primera visita a la UNAM impartió un histórico taller sobre el tema en el Aula Magna del Instituto de Investigaciones Filológicas del dos al cuatro de mayo de 2006, donde propuso que la mayor parte de los códices y monumentos nahuas eran obras iconográficas.

Según su visión la escritura náhuatl no podía ser analizada desde un sistema influenciado por nuestro alfabeto. Propuso una serie de métodos para su desciframiento, análisis y sistematización, poniendo al día el trabajo iniciado en el siglo XIX por Joseph Marius Alexis Aubin (1802-1891), Zelia Nuttall (1857-1933), Manuel Orozco y Berra (1816-1881) y José Fernando Ramírez (1804-1871).

Tuvo una célebre estancia docente en la Facultad de Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma de Yucatán, y en 2003 obtuvo el puesto de profesor e investigador en su la Universidad Complutense de Madrid, lugar donde desempeñó fervorosamente la enseñanza. Fue miembro del Consejo Editorial de la revista Estudios de Cultura Maya y estrecho colaborador, del Centro de Estudios Mayas del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM