Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3  

CDMX, 1 de agosto, 2021.- Agustín Cueva Dávila (1937-1992) realizó sus estudios de licenciatura en la Universidad Católica del Ecuador en la segunda mitad de la década de 1950, primero en Derecho y luego en Ciencias Públicas y Sociales. Una formación que continuaría en su estadía en París entre 1960 y 1963, donde residió como estudiante de postgrado en la École des Hautes Études en Sciences Sociales y a partir de la cual obtuvo el grado en Estudios Superiores en Ciencias Sociales.  

 Su vida intelectual nació con la Revolución Cubana y culminó con el desmoronamiento de la Unión Soviética y del Este europeo. El desarrollo de su pensamiento, sus mutaciones y desplazamientos, estuvieron marcados por las fases y virajes de los procesos sociales y políticos del Ecuador, de México, de América Latina y del mundo.  

La biografía intelectual de Cueva en la década de los años sesenta, se identifica en un arco amplio de autores y campos temáticos, pertenecientes a las ciencias humanas vigentes en aquel momento en el pensamiento crítico europeo. La obra de Jean-Paul Sartre, los escritos literarios de Georg Lukács, los primeros libros de Roland Barthes y los estudios antropológicos de Claude Lévi-Strauss. Volvió al Ecuador en 1965, casado con su colega francesa Francois Perus.  

A fines de los años sesenta, Agustín Cueva sorprendió con una pequeña obra de teatro sobre fray Gaspar de Villarroel. El conflicto que indagaba era el del intelectual de un país colonizado. A su llegada a España, Villarroel pretendía en vano que lo consideraran un escritor español en el exilio y no un americano. En esa imagen, realizaba una mordaz caricatura de los intelectuales ecuatorianos que intentan pensar en inglés. Cueva en su vida buscó ser opuesto a fray Gaspar de Villarroel.  

Cueva estableció desde su etapa como estudiante en París, un nexo entre el marxismo y la sociología, en su experiencia parisina como estudiante. Había en Francia una enorme apertura intelectual. Se identificaría a sí mismo en ese tiempo como “marxista-leninista”, las lecturas que lo apasionaron durante la década de 1960 y que aquí se destacan contrastan con esa identificación. Más bien dichas lecturas se acercaban a la interesante confluencia que en ese decenio se producía en la academia francesa entre marxismo y ciencias humanas. Produciendo posteriormente, de ese modo, un encuentro entre su férrea adscripción a los clásicos del marxismo y ciertas tendencias que decididamente se ubicaban por fuera de tal espectro teórico.  

Residió en México de 1972 a 1990 y fue aquí en donde fue protagonista en polémicas continentales. Entre los académicos es recordado su debate sobre la teoría de la dependencia, una postura que estuvo de moda entre los sociólogos en los setenta, que básicamente señalaba, en términos prácticos, que los países de la región debían apuntar sus esfuerzos a dejar de ser exportadores de materias primas y optar por un modelo de industrialización; una apuesta del Estado como generador de desarrollo. Cueva quitó el velo marxista de esa teoría y por ello debatió con colegas como Theotonio Dos Santos, Andre Gunder Frank o Ruy Mauro Marini, todos ellos figuras en aquellos años.  

Además de haber escrito numerosos ensayos sobre la problemática social, política y cultural, fue presidente de la Asociación Latinoamericana de Sociología y jefe de la División de Estudios Superiores de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.