Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3  

CDMX, 31 de enero, 2021.- La maestra Johanna Faulhaber Kamman fue, dentro del marco de la ciencia antropológica en México, una de las figuras más relevantes, por sus aportaciones en el campo de la biología humana tendientes al conocimiento de las poblaciones indígenas de nuestro país. Mexicana por convicción, naturalizada el 21 de marzo de 1942, fue alemana por nacimiento ocurrido el 6 de junio de 1911 en Essen, Alemania.  

En 1938 ingresó a la carrera de antropología. Gobernaba en México el general Lázaro Cárdenas, en cuyo sexenio (1934-1940) se creó el Instituto Nacional de Antropología e Historia, institución que toma a su cargo no sólo la investigación antropológica y la preparación de los futuros científicos. Se inició como maestra impartiendo el idioma alemán. Durante muchos años enseñó esta lengua en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, en El Colegio de México, en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM y en su Centro de Lenguas Extranjeras.  

Su primer trabajo de campo lo realizó en 1940, cuando era alumna y ayudante de campo de la doctora Ada D’ Aloja : “con ella aprendí el cómo debe el antropólogo acercarse a los grupos marginados. De ella y del doctor Juan Comas aprendí de la a la z. Luego fue sólo cuestión de profundizar y estar al día. Siempre los he considerado mis padres intelectuales”.  

Faulhaber había ingresado como investigadora al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en 1941, gracias a una beca otorgada por El Colegio de México; ahí permaneció hasta 1976, cuando se jubiló y fue contratada por la Universidad Nacional Autónoma de México, en su Instituto de Investigaciones Antropológicas (IIA).  

Sus estudios de doctorado los efectuó entre 1959 y 1962. No obstante haber cubierto los créditos correspondientes y de ser maestra de doctorandos, no presentó su tesis de grado, aspecto sobre el cual decía: “No hice la tesis porque con ella me pasó algo así como con los artículos y libros que he escrito. Una vez terminados y enviados a prensa, no los vuelvo a leer. Los estudios del doctorado los hice todos y para mí, ahí quedó concluido el posgrado”.  

Durante 36 años impartió su cátedra, con carácter, al mismo tiempo, estricto y justo. Mediante una dinámica que incluía múltiples exámenes escritos y orales, preguntas en clase y aclarando siempre las dudas de sus discípulos, llegaba a conocerlos a todos. “A pesar de que muchos me han dicho que me consideraban un ogro, yo sentía la estimación personal por parte de mis alumnos. Casi todos trataban de asimilar. Por lo tanto, la relación alumno-maestro la sentí siempre agradable. No sólo ellos aprendían, yo también aprendía de ellos. Tenían enfoques nuevos”.  

En 1950 aplicó encuestas en las industrias del vestido y publicó en 1955: “La necesidad de contar con patrones científicos para la industria del vestido”. Ésta y otras publicaciones y conferencias sobre la posibilidad de aplicación de la antropología física en México son muestra palpable de una manifiesta inquietud por hacer de nuestra ciencia “la ciencia del hombre para el hombre”.  

Logró para México el primer estudio longitudinal de crecimiento de toda Iberoamérica, habida cuenta de que son escasos los estudios en este campo realizados en el mundo. Elaborar el seguimiento de un grupo de niños y niñas desde su nacimiento hasta la preadolescencia resultó ser una tarea compleja, puesto que las observaciones se realizaban en días preestablecidos. Durante el primer año los efectuó mensualmente, luego trimestrales y después en forma semestral.  

Su labor para convencer a los padres de llevar al niño al laboratorio de la calle de Moneda durante trece años para medirlos, efectuar el examen médico, psicológico, encuestas sociales, etcétera, fue titánica; pero su constancia y tenacidad contribuyeron para lograrlo. Por medio de los estudios transversales de crecimiento mucho se puede saber acerca del crecimiento normal de una población dada; pero sólo a través de los longitudinales se garantiza la seguridad de no introducir en la muestra casos patológicos o subnormales, además de que ésta constituye la única vía para obtener los incrementos registrados entre una y otra edad.  

Jubilada del INAH, continuó en la UNAM, sus investigaciones constituyen una aportación fundamental para el conocimiento de nuestra población. Se trata, además, por el establecimiento de normas propias, de una gran contribución a la pediatría, pues se precisan normas para evaluar a los niños, según parámetros establecidos con base en estudios realizados en niños mexicanos y no ajenos de extracción social y racial distinta por completo de los nuestros.  

Sin embargo, es lamentable constatar el desconocimiento de este hecho en el sector médico, en gran medida por la limitada difusión de la investigación antropológica. El último reconocimiento recibido por su labor se lo otorgó la Universidad Nacional Autónoma de México: Premio Universidad Nacional 1987 en Investigación en Ciencias Sociales.