Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3  

CDMX, 13 de abril, 2021.- Isabel Kelly (1906-1982), fue una antropóloga estadounidense que en 1935 visitó México por primera vez. Regresó en 1939 y en 1940 se quedó como residente, primero en Guadalajara y después en la ciudad de México, donde permaneció hasta su muerte en 1982.   

Kelly estudió en la Universidad de California en Berkeley. En 1939, consiguió el respaldo económico necesario para estudiar la arqueología del noroeste de México. Desde entonces vivió en nuestro país, donde llevó a cabo investigación arqueológica principalmente en Sonora, Sinaloa y Michoacán.   

En 1946, el antropólogo George Foster la recomendó para el puesto de responsable de la oficina del Smithsonian Institute of Social Anthropology (ISA) en la ciudad de México. Al asumir el papel de principal representante de esa institución, Kelly empezó a dar clases en la Escuela Nacional de Antropología.  

Entre 1947 y 1951 su equipo de alumnos incluyó a muchos hombres y mujeres que llegarían a convertirse en pilares de la antropología mexicana: Gabriel Ospina, José Luis Lorenzo, María Cristina Álvarez, Roberto Williams García, Florencia Muller y Ángel Palerm.  

Para Kelly era importante enseñar a los estudiantes a analizar la información y a redactar reportes y artículos académicos, lo cual incluía la elaboración de cuadros muy complejos. Sus cartas dejan ver que los estudiantes tenían claro que su trabajo y la información generada estaría disponible para los investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).  

Kelly y sus estudiantes se reunían una vez a la semana y discutían los materiales y los reportes. Aunque en teoría estos seminarios tenían una duración de dos horas, en la mayoría de las ocasiones se extendían hasta cuatro.  

De manera adicional, Kelly corregía y trabajaba sobre los reportes y los capítulos escritos por los estudiantes. En sus cartas aparece una queja continua sobre la falta de conocimientos del idioma español por parte de los estudiantes, y de su incapacidad para redactar.  

En los primeros semestres académicos de 1947, 1948 y 1949 Kelly realizó trabajo de campo entre los totonacos de Tajín. En las tres ocasiones llevó consigo a tres estudiantes, uno de ellos fue Ángel Palerm, quien se incorporó al proyecto en enero de 1948. Financiada por el Smithsonian, montó una casa de campo en Papantla para albergarse con los estudiantes.  

Se ocupó personalmente de equipar la casa, de comprar y llevar comida y de supervisar el bienestar de todos con el apoyo de Chema, su cocinero personal. Adaptada al medio mexicano, en el que los padres tenían sumo cuidado con sus hijas, en una de las cartas relata que una de sus tareas importantes era ¡hacerla de chaperón de las estudiantes!  

Como primera tarea, los estudiantes tenían que hacer un mapa de la localidad y levantar un censo. Por experiencia, más adelante menciona que era mejor ir de casa en casa para recabar la información de las familias y establecer relaciones con los lugareños.  

Para Kelly estas relaciones eran primordiales en el campo, pues permitían conseguir informantes clave y realizar entrevistas. Ella concedía mayor importancia a la información obtenida por esta vía que a la observación. Sin embargo, advierte que enfrentaron el problema de que ninguno de los investigadores y estudiantes hablaba totonaco y tuvieron que emplear traductores.  

Su casa en Tepepan, de tres mil metros de terreno en la ciudad de México, estaba adornada con muebles, alfombras y muestras de arte folklórico dignas de un museo. Además, tenía una impresionante biblioteca personal, que llenaba lo que era la casa original de aquella amplia propiedad.  

 Era poseedora de una de las colecciones arqueológicas más importantes del país, pues si bien estaba en calidad de préstamo de acuerdo con las leyes mexicanas cuando ya no las ocupara. Su colección de cerámica de Sayula que tiene un gran valor cultural y económico fue donada a la Fundación Banamex.  

Un motivo muy especial y característico de esta cerámica, es el que Kelly, llamó “ala de murciélago”, ya que semeja mucho a las alas de ese animal; no obstante, se cree que está más inspirado en cortinajes como los que se usaban en las iglesias o se pintaban como fondo para las imágenes de santos en los retablos populares.   

Kelly dejó una vasta información que fue puesta al cuidado del doctor Robert V. Kemper, del Departamento de Antropología, de la Southern Methodist University, de Dallas, Texas. Los materiales sobre los totonacos son considerables: ocho mil hojas de datos originales, así como un completo censo etnográfico de unos 187 hogares de las dos comunidades San Marcos Eloxochitlán, Puebla y La Congregación de El Tajín, Papantla, Veracruz.  

Varios centenarios de cuartillas mecanografiadas de historias de vida, 38 rollos de negativos de fotos en blanco y negro con su respectiva hoja de contacto, 450 diapositivas, y una película muda a color que muestra escenas de cortejo y de danzas nupciales. Este material se encuentra digitalizado y los originales fueran conservados como patrimonio documental en la Southern Methodist University.