Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3  

CDMX, 1 de febrero, 2020.- La doctora Elisa Vargaslugo Rangel (1923-2020) fue investigadora emérita del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y también del Sistema Nacional de Investigadores (SNI). Nació en Pachuca, Hidalgo hija del médico José Vargaslugo, de Huichapan y de Margarita Rangel, de Huasca.  

Cursó sus estudios primero en su ciudad natal en The English School y después en la Ciudad de México en el Colegio Franco-Inglés y en el Colegio Luis G. León, donde su maestro de historia, Diego Tinoco Ariza, despertó su gusto por el estudio del pasado, de manera que no dudaría en inscribirse en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y seguir la carrera de historia. Su afición por el arte nació por la influencia que en ella tuvieron los maestros Manuel Toussaint, Francisco de la Maza y  Justino Fernández.  

En su discurso del 22 de febrero de 1998, para ocupar el sillón vacante en la Academia Mexicana de la Historia por la muerte del doctor Edmundo O’Gorman, mencionó la gran deuda que tenía con él. Refirió que, en su curso de Historia de América, había transformado la enseñanza de la historia.  

También recordó ese día, los viajes de estudio por México, con el maestro De la Maza, con quien cobró conciencia de la enorme riqueza de portadas, retablos de templos y conventos mexicanos y, dada su afición de fotógrafa, enfocaba su cámara retrató los retablos, pinturas y esculturas más importantes de México.  

Toussaint, quien era el director del Instituto de Investigaciones Estéticas, la contrató todavía siendo estudiante para organizar el acervo fotográfico de los investigadores, al que enriqueció con sus propias fotografías. Su cuidadoso trabajo la convirtió en la fundadora del archivo fotográfico más importante de arte colonial de nuestro país  

La doctora Vargaslugo se doctoró en 1972 con una tesis sobre el templo de Santa Prisca en Taxco. Su tesis doctoral innovó el trabajo académico por haber unido la obra de Santa Prisca con la vida de su creador, José de la Borda, sus circunstancias sociales y sus anhelos espirituales y religiosos. En la década de los años setenta del siglo XX, ya era conocida y respetada como una defensora de la riqueza cultural de México.  

Su trabajo en la docencia en sus últimos años fue en la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Filosofía. Pero a lo largo de su vida también fue profesora en la Escuela Nacional Preparatoria y en la Escuela Nacional de Artes Plásticas.  

Fue también catedrática en el Centro Regional Latinoamericano para la Restauración y Conservación de Bienes Culturales de la UNESCO en México, del Centro de Restauración “Paul Coreman’s”, de la Escuela de Restauración “Manuel del Castillo Negrete” e impartió cursos en universidades de México, Estados Unidos y España.  

Dirigió numerosas tesis sobre arte colonial y publicó artículos, ensayos y textos en revistas especializadas y 12 libros que son fundamentales para la comprensión del fenómeno artístico. Fue miembro de número de la Academia Mexicana de la Historia cuyo ingresó tuvo lugar el 2 de marzo de 1999, día en que leyó su discurso titulado: “El indio como donante de obras pías”. También, fue miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia de Madrid, y desde el 2001, fue nombrada consejera para la conservación del Patrimonio Cultural del Instituto Nacional de Antropología e Historia y consultora de la Comisión de Arte Sacro de la Arquidiócesis de México.  

Recibió el Premio Universidad Nacional en investigación de Humanidades de la UNAM, la Medalla Toltecayotl (1999) de la Universidad Tecnológica Tula-Tepeji del Estado de Hidalgo, el Premio Nacional de Ciencias y Artes en 2005, la Medalla Sor Juana Inés de la Cruz, otorgada por la UNAM (2005) y el Doctorado Honoris Causa por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.