Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3

CDMX, 11 de febrero, 2021.-Clementina Díaz y de Ovando (1916-2012), fue una historiadora de la ciencia mexicana, su obra va de la historia de la odontología en México (1990), hasta los trabajos del doctor Manuel Carmona y Valle sobre la fiebre amarilla.

Por lo que toca a su interés en la historia política y económica de México, sobresale una obra de primera magnitud por su riqueza documental: La Crónica de una quimera. Una inversión norteamericana en México, 1879, que fue publicada por nuestra máxima Casa de Estudios.

A nadie dejará de interesar esta sorprendente y aleccionadora reseña de un periodo de nuestra historia en que las relaciones con los Estados Unidos se basaron en “convertir el negocio de la guerra en una guerra de negocios”.

Díaz y Ovando siempre buscó en sus trabajos profundizar en temas y difíciles como son las relaciones entre México y los Estados Unidos, y buena prueba de ello es que durante el porfiriato se buscó convencer a los banqueros y comerciantes del país vecino para que hicieran de México un territorio para sus inversiones.

Su labor en el campo de la historia y crítica literarias han colocado a Clementina Díaz y de Ovando en un lugar relevante entre los especialistas de la cultura mexicana del siglo XIX, un ejemplo son sus ensayos sobre Ignacio Manuel Altamirano y sus estudios y ediciones sobre Vicente Riva Palacio, Juan Díaz Covarrubias y Juan A Mateos.

Uno de nuestros historiadores más eminentes, también recientemente finado Miguel León-Portilla, destacó la agudeza que doña Clementina supo dar cuenta de las características más relevantes de la novela histórica escrita por nuestros liberales románticos y, en particular de Riva Palacio. La propia doctora comentó en reiteradas ocasiones que “la historia apasionó siempre a Riva Palacio” quien, influido por Altamirano, “vio en la novela histórica … el arbitrio más eficaz para hacer llegar a las masas sus ideas y rematar así la segunda independencia de México”.

Discípula primero y compañera después de Manuel Toussaint, Justino Fernández, Francisco de la Maza y muchos otros destacados historiadores y críticos del arte mexicano, no es de extrañar que Clementina Díaz y de Ovando haya dedicado su atención a temas de esa naturaleza; sus artículos sobre la Casa de Borda, la de los Condes de Miravalle trabajos publicados en 1974 y 1975 en la revista Artes de México, así como su obra sobre el Palacio de Iturbide merecerían reunirse en un volumen junto con sus trabajos acerca del litógrafo Luis Garcés y del grabado académico y comercial en nuestro siglo XIX.

Atenta a todas las manifestaciones de la cultura, tanto elitista como popular; conocedora nos dejó apasionantes testimonios de la postura sostenida por nuestro país con relación al patrimonio arqueológico mexicano. En otro libro espléndido por lo que tiene, además, de cabal muestra de la excelencia del arte gráfico de nuestro país, la maestra se acercó a la historia culinaria de México en 1986 donde despliega su amena erudición en torno de la literatura y la pintura costumbristas.

Allá por 1868, Ignacio Manuel Altamirano aseguró que “era obligación de los escritores mexicanos dar a conocer nuestra historia, nuestras costumbres públicas, nuestra vida y cultura en general para desvirtuar cuanto extranjeros ignorantes y fanáticos contaban en Europa”. Fue investigadora emérita; recibió el Premio Universidad Nacional en 1988 y fue la primera mujer que participó como integrante de la Junta de Gobierno de la UNAM, de 1976 a 1986. Cronista de la Universidad; miembro de número de la Academia Mexicana de la Historia, e integrante de número de la Academia Mexicana de la Lengua. Una vida entregada al saber y al enseñar