Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3

CDMX, 10 de octubre, 2021.- Beatriz Zamora Urbina (1935) es una pintora que inició sus estudios artísticos en 1956 con el muralista José Hernández Delgadillo (1927-2000), se casó con él en 1954 y tuvo tres hijos, Beatriz, Francisco y Myriam.

De 1964 a 1966, estudió cerámica con José Castaño en la Ciudad de México. En 1972, fue a Francia para estudiar en la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes de París conocida como “Beaux Arts de París”. En 1980, se mudó a Nueva York, vivió y trabajó ahí por ocho años. Regresó a la Ciudad de México y ha realizado más de tres mil piezas de la serie El Negro de diferentes tamaños.

Durante el periodo de 1964 a 1971, abandonó su estilo previo, así como los círculos artísticos que frecuentaba, para enfocarse en la investigación del arte contemporáneo, la reflexión filosófica y la experimentación de materiales. Como forma de romper con sus obras previas, dejó las brochas y desarrolló una serie titulada Del Negro, Blanco y Rojo, en la cual se dedicaría a realizar por una década el estudio de cada uno de los colores (verde, azul, rojo, el negro y la tierra).

Para iniciar esta investigación comenzaría con el cúmulo de todos los colores resumidos en la serie La Tierra. Con la serie La Tierra, Zamora dejó de lado la representación de las imágenes en un estilo figurativo para tornarse en un objeto nuevo que no aludía a nada más que a sí mismo. Esta serie se caracterizó por el uso de materiales poco convencionales como tierra, pigmentos minerales, insectos molidos, etc. En 1977 presentó esta serie en la sala Verde del Palacio de Bellas Artes (ahora conocida como la Sala Diego Rivera).

En 1977, cambió de nuevo, hacía la creación de trabajos monocromáticos en negro haciendo uso de diferentes materiales tales como la obsidiana, carbón vegetal, metales oxidados, carbón mineral, piedras semipreciosas, entre otros materiales oscuros. Su trabajo ha sido comparado con el del francés Pierre Soulages, en el hecho de que él era el único pintor en Europa dedicado al uso puro del color negro, al igual que ella es la única en América en hacer lo mismo. Sin embargo, sus trabajos artísticos se diferencian en estilo a los de Soulages.

Cada una de las obras de esta etapa que aún continúa en proceso son tituladas simplemente Negro, seguido de un número de serie. Con estas obras, Zamora intenta representar la relación entre conceptos como el cosmos, la nada, la tierra, la verdad y el amor. El crítico Eduardo Rubio escribió en 1988 que “la obra de ningún artista mexicano ha desatado tantas pasiones y ha sido tan incomprendida Al preguntarle porque ella sólo pinta en negro, responde “Por ninguna razón”.

“El negro en sí; su monotonía. Entre las galaxias, hay millones de años luz de este color en el universo. La Tierra es un fragmento de ese universo… El negro es el poder completo de la ley de la naturaleza y la base de mi trabajo”. Ella también menciona “Para simplificarlo, el negro es el tema porque es el absoluto, es cósmico e implica lo común y lo sublime como parte de la vida misma; también es un medio de comunicación como expresión y como fin… es el propósito de mi trabajo”.

En 1978, con motivo del Premio Salón Nacional de las Artes Plásticas, Zamora presentó en el Instituto Nacional de Bellas Artes, una de las primeras piezas de su serie El Negro, titulado Serie 2, Negro no. 4. Se presentaron 1040 piezas de las cuales sólo 197 llegaron como finalistas al jurado. Durante esta premiación se generó un gran revuelo debido a la división de opiniones que se tenían entre los jurados como: Juan García Ponce, Alaide Foopa, Juan Acha, Bertha Taracena.

Una parte de los jurados se empeñó en declarar desierto el premio, mientras que otro grupo del jurado seleccionado por el INBA, le otorgó a Zamora el primer lugar del premio nacional.