Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3

CDMX, 7 de junio, 2021.- Beatriz Espejo (1939) es doctora en letras, especializada en literatura mexicana. Estudió la licenciatura y la maestría en letras españolas y el doctorado en letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde ingresó como maestra en la Escuela para Extranjeros, en 1970.

A partir de 1978, se integró al trabajo del Instituto de Investigaciones Filológicas, donde se desempeña como investigadora de tiempo completo. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores. Ha escrito libros, artículos especializados, reseñas, antologías, traducciones, prólogos, presentaciones y epílogos, cuadernillos, colaboraciones enciclopédicas, cuentos antologados, ha participado en libros colectivos, en fin, una copiosa y muy destacada obra creada desde su temprana juventud.

Se inició en la literatura cuando vio salir a la luz, en 1958, su primera colección de cuentos, prosas breves, con el título “La otra hermana”, el número 1 de la célebre colección Cuadernos del Unicornio de Juan José Arreola. Más adelante, José Revueltas le pidió escribir la Biografía de Leonardo da Vinci que formó parte de los Cuadernos de Lectura Popular publicados por la Secretaría de Educación Pública en 1967.

La disertación con la que obtuvo el grado de doctora con mención honorífica, publicada por la Universidad Nacional Autónoma de México con el título Julio Torri, voyerista desencantado, ganó el Premio Magda Donato 1986. Una segunda edición de esta obra la publicó la Editorial Diana en 1991. En sus cuentos se descubre la inteligencia y el placer de escribir característicos de esta brillante autora, cuentos de lectura indispensable para la comprensión de la narrativa mexicana del siglo XX.

Su colaboración en diferentes periódicos, suplementos, semanarios y revistas en los que han sido difundidos incontables artículos, cuentos, reportajes, crónicas, se encuentra integrada en la obra De oficios y menesteres publicada por la Universidad Autónoma Metropolitana en 1988.

Destacó en el género de entrevista por el que recibió mención en el Premio Nacional de Periodismo en 1979 y en 1984. La primera por una conversación con Lupe Marín y el segundo por sus trabajos con Fernando Benítez y Andrés Henestrosa. Estos trabajos, junto con otros siete, entre los que figuran autores de la talla de Julio Cortázar, Camilo José Cela y Katherine Anne Porter, se publicaron en el libro Palabra de honor, en 1990.

La calidad de su trabajo literario y la amplitud de su obra, y su dinamismo y entusiasmo personal, han dejado huella en el mundo académico y artístico. Fui a la Facultad y me encontré con un viejito que sabía muchísimo de literatura. Yo, que venía de una escuela de monjas, me quedé sorprendida de hallar una persona tan sabia.

Parece que era mal maestro, pues tenía una voz bajita y la mitad del salón no oía nada en su materia de Español Superior, y los alumnos se portaban muy mal. Pero yo lo adoré, lo seguí a todos sus cursos y le dediqué mi tesis doctoral”, recuerda.

También en la UNAM oí hablar a Arreola en una conferencia y me quedé literalmente pegada a la silla, diciendo ‘éste es el maestro que he buscado toda mi vida’. Le pregunté si podía asistir a sus talleres y me dijo que sí y a partir de ahí lo seguí hasta su lecho de muerte, en Guadalajara”, evoca.

La narradora también fue apoyada por los consejos de Salvador Elizondo, “un amigo medio coqueto, difícil, a quien conocí en la ópera”. Pero, sobre todo, enriqueció su propuesta creativa bajo la mirada del crítico literario Emmanuel Carballo, su esposo y padre de su hijo y quien dice “fue una unión muy venturosa que duró hasta su muerte, en 2014. Gracias a Emmanuel conocí el amor constante y eficaz; y gracias a mi primer marido la pasión. Así que me siento muy feliz por haber descubierto ambos sentimientos”.