Pablo Cabañas Díaz/Noticias y Debate M3

CDMX., 6 de abril, 2021.- Ana Hoffman (1919-2005), fue una mujer pionera en el campo de la investigación científica en México. Su trabajo inició gracias a su padre, Carlos Cristian Hoffmann (1876-1942), quien fue un reconocido medico mexicano de origen alemán, que apoyó a su hija en sus estudios. En 1939, cuando se fundó la Facultad de Ciencias de la UNAM, formó parte de la primera generación. En 1944, en su trabajo de tesis de maestría logró identificar una nueva especie de murciélagos mexicanos. Hay que tener en cuenta que no fue sino hasta la década de 1960, en que más mujeres se incorporaron al estudio de este campo del saber científico, incluidas biólogas, y médicas veterinarias zootecnistas.

A lo largo de sus estudios, ella se fue interesando cada vez más en los parásitos. Por esta razón, su padre, poco antes de morir, le sugirió que como tesis de maestría hiciera una investigación sobre los ectoparásitos de los  murciélagos mexicanos. Fue así como por primera vez entró en contacto con unos animalitos microscópicos, que nadie conocía y que, por llamarlos en alguna forma los denominaban “garrapatillas” o “mites”. Logró identificarlos y comprobó que se trataba de especies nuevas, publicando su primer trabajo sobre ellos en1944. Poco después, trabajando en el Laboratorio del Instituto de Salubridad y Enfermedades Tropicales, llegó una muestra, que se sabía había causado una dermatitis muy severa en todos los miembros de una familia. El jefe del laboratorio, le pasó la muestra a la entonces pasante de bióloga Ana Hoffmann, para que viera lo que eran. Encontró que se trataba de animales muy parecidos a unos de los muchos que había encontrado en los murciélagos.

Más tarde el instituto mandó hacer una investigación sobre los parásitos de las ratas que invadían los mercados y las casas y allí volvió a encontrar otras familias y especies de estos animales. Se empezó a dar cuenta de que los “ahora sí” llamados ácaros, se encontraban en todas partes y en muy diferentes habitats, sobre los cuales nada se sabía. Dada la  difícil  situación  de  estudiar  este  grupo  en  México,  por falta  de  literatura  y  material  de  comparación,  aceptó  una  beca  para llevar a cabo sus estudios de especialización en la Universidad de Duke. Hoffmann había logrado reconocimiento internacional y contribuciones importantes con respecto al conocimiento, manejo y control de las garrapatas, asesorando e impartiendo cursos y conferencias a médicos, veterinarios, biólogos y agrónomos en todas las instituciones nacionales relacionadas en el tema.

En 1991, la doctora Hoffman, donó al Instituto de Biología de la UNAM un trabajo que ocupó más de 50 años de su vida. Esta colección es única en el país y cedió también otras tres colecciones de relevancia científica: una aracnológica, con más de 400 especies; y otra, que incluye especies de siete órdenes y trece familias de ciempiés y milpiés, y una más de insectos ectoparásitos, con ejemplares de importancia médica y veterinaria.

En 1997, recibió un homenaje por sus 55 años de labor académica. Fue profesora titular C en la Facultad de Ciencias, investigadora nacional emérita del Sistema Nacional de Investigadores y miembro del Consejo Consultivo de Estudios de Posgrado. La doctora Hoffmann fue una persona de gran calidad humana, además de una científica de reconocimiento mundial y una maestra universitaria ejemplar. Esta distinguida y querida universitaria fue maestra de muchas generaciones, Premio Universidad Nacional en 1990 y reconocida como Profesora Emérita en 2001. Hay que tener en cuenta que no fue sino hasta la década de 1960, en que más mujeres se incorporaron al estudio de este campo del saber científico, incluidas biólogas, y médicas veterinarias zootecnistas, por lo que es un ejemplo del desarrollo profesional, que tuvieron las científicas mexicanas en el siglo XX.